Inteligencia Artificial

La IA desata una crisis de identidad entre profesionales: qué dicen los estudios

Escritores, matemáticos y médicos reportan ansiedad y pérdida de sentido ante una tecnología que hace su trabajo igual o mejor.

Redacción••3 min de lectura
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La crisis de identidad de los usuarios de IA

Un escritor, un matemático y un programador confiaron en los últimos meses una sensación parecida: la inteligencia artificial les provoca una crisis de identidad. No se trata del miedo a la extinción humana ni a perder el trabajo, aunque eso también los angustie. Se refieren a la falta de sentido que les genera una máquina capaz de hacer tan bien aquello que los define como profesionales y personas. Uno de ellos recordó la vieja creencia indígena de que una foto roba el alma: la IA enfocó su cámara en nuestro conocimiento y, al hacerlo, nos dejó vacíos.

El 8 de septiembre, OpenAI anunció que diez mil agentes habían resuelto Navier-Stokes, un problema matemático milenario, con un premio de un millón de dólares. El español Luis Martínez-Zoroa, cuyo trabajo sentó las bases, admitió que le habría gustado lograrlo él.

En la escritura, un experimento de las universidades de Stony Brook y Michigan desafió a 28 escritores profesionales a imitar la voz de 50 autores consagrados. Lo mismo le pidieron a una IA entrenada con la obra de esos autores. En una evaluación a ciegas, los escritores prefirieron el texto de la IA en el 62% de los casos. El dato no sería relevante, porque ningún escritor quiere saber imitar a otros. Lo interesante es que, al enterarse del resultado, los participantes respondieron con dilemas existenciales. Uno se preguntó si todavía es posible escribir algo intrínsecamente propio. Otro declaró que las páginas que produce ya no tienen valor, aunque rescató el sentido que le aporta el proceso de escribir.

Investigadores de la Universidad de Florida llegan a hablar de un cuadro clínico nuevo: la disfunción por uso de IA, con ansiedad, insomnio y crisis de identidad, aunque todavía no es un diagnóstico reconocido

Ese desplazamiento hacia el proceso parece válido para muchas profesiones. Una carta pública de 28 ganadores de la medalla Fields, las mentes más brillantes de la matemática actual, sostiene: “Resolver problemas es solo una herramienta y una aproximación para alcanzar el objetivo principal: la comprensión conceptual y la intuición profunda. Olvidarlo en el mundo de la IA podría volver la herramienta en contra de ese objetivo. De hecho, la producción masiva, a un ritmo cada vez más veloz, de soluciones estilo verdadero/falso podría arrasar con un terreno fértil en lugar de insuflarles vida a nuevas ideas”.

Investigadores de la Universidad de Florida llegan a hablar de un cuadro clínico nuevo: la disfunción por uso de IA, con ansiedad, insomnio y crisis de identidad, aunque todavía no es un diagnóstico reconocido. Y un estudio del Hospital General de Massachusetts con casi 21 mil adultos encontró que quienes usan IA a diario tienen 30% más probabilidades de reportar depresión moderada, sin que eso pruebe causalidad.

Otra investigación siguió durante un año a 42 especialistas en radioncología que empezaron a planificar tratamientos con IA. Al principio, todas eran buenas noticias: los planes se hacían un 15% más rápido. Con los meses, los médicos empezaron a temer convertirse en “niñeras de la IA” o “aprieta botones”, como dijeron dos participantes. Según los autores, los profesionales sienten que su rol se reduce a una pieza intercambiable del proceso y pierde singularidad y dignidad.

El estudio propone, en lo individual, que cada profesional identifique qué tareas le dan sentido y se imponga hacerlas sin IA. En lo tecnológico, sistemas que automaticen primero lo tedioso, no lo que se disfruta. Y en lo organizacional, reinvertir el tiempo ahorrado en prácticas humanas que no se automatizan.

Ahora que los magnates tecnológicos piden regulación, estas parecen buenas ideas para regular a la IA, pero sobre todo para regular nuestras emociones.

Por qué importa

La IA no solo amenaza puestos de trabajo: erosiona el sentido de identidad profesional. Regular su uso y preservar tareas significativas se vuelve clave para la salud mental y la dignidad laboral.

Qué sigue

Resta definir si la disfunción por uso de IA será reconocida como diagnóstico clínico y cómo las organizaciones implementarán políticas para proteger el bienestar de sus equipos.

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