Cultura

La venta de 318 fósiles británicos a Abu Dabi y el auge del negocio prehistórico

Un coleccionista de Dorset vendió su colección del Jurásico Inferior al Museo de Historia Natural de Abu Dabi, mientras China industrializa réplicas de dinosaurios para el mundo.

Redacción4 min de lectura
De los fósiles de Dorset a los dinosaurios de China: cómo la prehistoria se convirtió en un negocio

El 8 de agosto, la prensa británica anunció la venta al Museo de Historia Natural de Abu Dabi de una de las colecciones del Jurásico Inferior más importantes reunidas en el Reino Unido. Se trata de 318 ejemplares —ictiosaurios, peces, artrópodos y otros organismos marinos— recolectados durante décadas por Chris Moore, un buscador de fósiles residente en Dorset que recorrió los acantilados de Lyme Regis como heredero de una tradición local iniciada en el siglo XIX por figuras como Mary Anning.

El material proviene del Lias, los estratos de los comienzos de la gran era de los dinosaurios de la Costa Jurásica, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. No faltaron instituciones británicas interesadas en adquirir la colección, pero sí los fondos para hacerlo. La operación dejó al descubierto una tensión que excede a la paleontología: el patrimonio, el mercado y la legislación rara vez coinciden.

Numerosos especialistas del país vivieron la venta como una pérdida para el patrimonio nacional. Otros, más conocedores de la propia historia, reconocieron que el planeta no tiene fronteras sino leyes humanas que, en este caso, no existían. Buena parte de la historia de la paleontología está hecha de transacciones comerciales, y la novedad de esta noticia reside en la reorganización del mapa de la riqueza y en la incorporación explícita de los fósiles a los circuitos globales del lujo, el entretenimiento y el bienestar.

El fenómeno ocurre en el marco del declive del poder adquisitivo de los museos de historia natural europeos y de regímenes legales que coexisten desde el siglo XX. Algunos países incluyeron a los fósiles de su suelo en el llamado patrimonio nacional. Otros, como el Reino Unido, los dejaron en el dominio de la propiedad privada y, por lo tanto, sujetos a las leyes de la herencia y a la compra y venta entre personas físicas o jurídicas.

Entre esas grietas legales y financieras, los fósiles de Moore dejaron la verde Albión para mudarse al desierto. Fijaron domicilio en el distrito de Saadiyat, donde también se encuentra el Louvre versión 0.1. El museo, inaugurado en 2025, es otro emprendimiento del grupo Miral, que maneja varias de las atracciones de la ciudad, entre ellas Ferrari, Warner Bros, SeaWorld y la futura Disneylandia.

Diseñado por Mecanoo, un estudio instalado en 1984 en Delft, Países Bajos, el edificio se inspira en las formaciones geológicas y los wadis, los cauces secos característicos de la región. Según los arquitectos, invita a la exploración de un territorio modelado por las fuerzas naturales. De las fuerzas del dinero, nada dicen.

El vestíbulo de entrada define que se trata de una de las instituciones más monumentales de Medio Oriente, el nuevo hogar de una manada de dinosaurios. El museo se despliega como un viaje a través de los millones de años que van de los orígenes del universo y el Big Bang hasta los desafíos que enfrenta la humanidad, sin olvidarse del cambio climático. En su programación sobresalen las sesiones de meditación sonora y las clases de yoga bajo los saurópodos del atrio principal.

Esta incorporación de los dinosaurios a las industrias del bienestar y el turismo de lujo es apenas uno de sus destinos porque, gracias a la producción en masa, hay para todos los bolsillos. En las últimas décadas, varias ciudades chinas, como Zigong, provincia de Sichuan, se especializaron en la fabricación de dinosaurios animatrónicos, esqueletos artificiales y escenarios prehistóricos destinados a museos, parques temáticos, zoológicos, centros comerciales y exposiciones itinerantes de todo el mundo.

Se trata de productos resistentes al sol, la lluvia o la nieve, diseñados para ser embalados, transportados, montados y desmontados una y otra vez. Los fabricantes se jactan de no producir monstruos que abran la boca para hacer grrr. Por el contrario, se regodean de sus equipos de ingenieros, escultores y especialistas capaces de garantizar la fidelidad anatómica y paleontológica de cada ejemplar, principal argumento de venta. Zigong, célebre por sus yacimientos y museos de dinosaurios, transformó esa reputación regional en una de las principales plataformas mundiales para la exportación de saurópodos, tiranosaurios y pterosaurios hechos en China.

Estas exhibiciones itinerantes de bestias jurásicas invadieron las provincias de Alemania, Suiza, Francia y Rumania. Aparecen en jardines zoológicos y botánicos, en películas, en la plaza del mercado, anunciadas en las paradas del colectivo, a gran escala pero también como payaso de alquiler para cumpleaños infantiles. Una vez más, el tamaño depende del dinero con que se cuente o de cuántos inversores atraigan.

Por qué importa

La venta muestra cómo los museos europeos pierden capacidad de compra frente a los fondos del Golfo, y cómo los fósiles ingresan a los circuitos del lujo y el bienestar. El patrimonio natural queda sujeto a las leyes del mercado.

Qué sigue

Resta ver si el Reino Unido modifica su legislación para retener hallazgos de valor científico y si otros museos europeos logran financiamiento antes de que nuevas colecciones privadas salgan del continente.

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