Coleccionismo

La venta de un T. rex por 50 millones de dólares reaviva el debate sobre el destino de los fósiles

El esqueleto de 'Gus' se convirtió en el fósil más caro de la historia, mientras los científicos alertan sobre la pérdida de material único para la investigación.

Redacción2 min de lectura
Quevedo y el dinosaurio

La casa de subastas Sotheby’s remató el 14 de julio en Nueva York un fósil de Tyrannosaurus rex conocido como Gus por 50,1 millones de dólares. El comprador prefirió mantener su identidad en reserva. Con esa cifra, Gus se convirtió en el fósil más caro jamás vendido, superando los 44,6 millones que alcanzó un estegosaurio en 2022.

El ejemplar, de 3,8 metros de altura, fue excavado durante tres años a partir de 2021 por el recolector comercial Thomas Heitkamp en un terreno privado de Dakota del Sur, Estados Unidos. Su venta forma parte de una tendencia creciente que convierte a los dinosaurios en objetos de colección de lujo, un fenómeno que preocupa a la comunidad científica.

En gran parte de Estados Unidos, los fósiles hallados en terrenos privados pertenecen al propietario y pueden venderse legalmente. En la Argentina, la situación es casi opuesta: la ley 25.743 considera los restos paleontológicos bienes del dominio público, destinados prioritariamente a la investigación y a la preservación del patrimonio cultural.

La Society of Vertebrate Paleontology (SVP) expresó su enorme preocupación por la venta de Gus. Para esa organización, el espécimen es un archivo científico irreemplazable, no un trofeo ni una obra de arte. Los fósiles conservan evidencias de la evolución, las extinciones, el crecimiento y las enfermedades, y constituyen registros finitos e insustituibles de la historia de la vida en la Tierra.

La ciencia depende de la posibilidad de verificar de manera independiente las afirmaciones y de mantener un debate crítico. Los investigadores deben poder volver a examinar los especímenes, poner a prueba conclusiones anteriores y formular nuevas preguntas. Muchos avances significativos de la paleontología se produjeron años o décadas después de que un fósil fuera recolectado, cuando nuevas técnicas permitieron analizarlo en profundidad. Por eso, los fósiles de importancia científica deben conservarse en museos y universidades, donde permanezcan disponibles para la investigación y la exhibición pública.

La historia de Gus expone uno de los males de nuestro tiempo: la codicia, ese afán de posesión que solo el dinero parece satisfacer. Si los dinosaurios hubieran podido sentir orgullo, tal vez se habrían enorgullecido de saber que, 65 millones de años después de su extinción, siguen fascinando al Homo sapiens. Pero también se habrían entristecido al comprobar que esa fascinación puede transformarse en algo mucho menos noble: la codicia. Ya lo advertía Quevedo: poderoso caballero es don Dinero.

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