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Leonardo Reale estrena 'Volar roto', la obra que repasa su vida y su batalla contra el cáncer

El bailarín debuta como autor teatral con una pieza basada en su biografía que sube los miércoles en el Paseo La Plaza.

Redacción2 min de lectura
Volar roto también es volar

El bailarín Leonardo Reale debuta como autor de teatro con Volar roto, una obra basada en su propia biografía que sube a escena los miércoles a las 20 en la sala Cortázar del Paseo La Plaza. La pieza repasa momentos determinantes de su carrera y de su vida, desde el chico que arrojaba avioncitos de papel al mausoleo de Jorge Newbery en el cementerio de la Chacarita hasta el hombre que atravesó un cáncer y se aferró a la danza para seguir adelante.

En escena, Reale se queda debajo del escenario. Lo representan Emiliano Pi Álvarez, con un marcado parecido físico al bailarín joven, y el actor Sebastián Pajoni, que asume una galería de personajes cruciales. Entre ellos aparecen el aviador que su abuela admiraba y que murió en una tragedia sin cumplir el cruce de los Andes, el compañero de colegio que lo hostigaba con el grito de "maricón" y un Jorge Donn anciano que sigue aconsejándolo. También asiste la Muerte, que deberá reservarse su carácter implacable para otro cuerpo.

La carrera de Reale continuó sobre todo como maestro de ballet, coreógrafo y director de sus propias obras, además de promotor de la cruzada solidaria Danzar por la paz, impulsada junto a Unicef. A comienzos de 2024 supo que tenía un cáncer y esa batalla fue cuerpo a cuerpo. En la obra se lo ve cerca de perder, pero nunca de rendirse. "Mi salvavidas fue la danza", dice el bailarín sobre ese tránsito.

El vínculo con la danza viene de lejos. Hace casi dos décadas, cuando iniciaba su camino como embajador de la paz, el Teatro Colón celebraba su centenario y el Correo Argentino diseñó una estampilla conmemorativa con su salto en Diana y Acteón. Tenía 33 años y un diagnóstico médico lo tenía como a Damocles bajo la espada. "Un disco está presionando la médula espinal y eso me provoca electricidad en las piernas y en los brazos. Así que me van a hacer una cirugía para sacarme ese disco y ponerme otro", contó entonces. "En 2009 vuelvo. Tiene que ser. Quiero bailar otra vez".

La obra también recupera aquella vez en el Festival de La Habana cuando la música lo abandonó y tuvo que seguir en completo silencio la variación de El Corsario. Ese mismo espíritu es el que atravesó la última contienda, enfocado en la sanación sin soltar la danza. "Porque, incluso roto, uno puede volver a volar", sostiene Reale.

El cierre de la pieza tiene un gesto que conecta pasado y presente. La mesa roja, recuerdo de aquel Bolero que inmortalizó a Donn, termina rodeada de aviones de papel que viajan desde la platea. Tal vez alguien sueñe con dominar el aire, una vez más.

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