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Llamas de Madariaga: el exilio en Uruguay, el dolor por González Oro y su mirada sobre Milei

El periodista habló de su vida lejos del país, del robo que lo marcó, de la dictadura y de sus charlas con Perón y Borges

Redacción••3 min de lectura
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Llamas de Madariaga íntimo: el dolor del “exilio” en Uruguay, la lección que le enseñó Borges y la última confesión de González Oro

Enrique Llamas de Madariaga conserva el timbre de voz que lo hizo un nombre central de la radio y la televisión argentinas. A los 80 y tantos, alejado del ritmo diario de la noticia, sostiene una idea que repite como bandera: “El periodista nunca se retira”. En una visita breve a Buenos Aires, el comunicador repasó su vida, su salida del país y los vínculos que marcaron su carrera.

Radicado desde 2009 en Punta del Este, el periodista eligió el exilio después de una serie de episodios que pusieron en riesgo su integridad y la de su pareja, la también periodista Denise Pessana. Un disparo destrozó el parabrisas de su auto en la autopista Panamericana y, poco después, delincuentes entraron a robar en la casa que compartían en Olivos.

“Estábamos con Denise a punto de salir, fue impactante ver entrar a esos desconocidos”, relató sobre el asalto. Los ladrones amenazaron a Pessana con un cuchillo y lo apuntaron con un arma mientras recorrían la casa. Cuando buscaban su computadora, Llamas de Madariaga les preguntó si querían que los ayudara. En la puerta esperaba el vehículo con el que escaparían. Al jefe del operativo policial le señaló: “oficial, en esa camioneta se va toda mi casa”.

La decisión de cruzar el Río de la Plata implicó desarraigos familiares, pero también la certeza de una vida más pausada y menos expuesta. Consultado sobre si atribuye esos hechos a su mirada crítica, respondió: “No lo puedo afirmar, pero fue una enorme casualidad”.

Sobre el presente político argentino fue filoso. Dijo que Manuel Adorni es “un personaje inferior, de segunda” y que Javier Milei, si no se dice lo que él quiere, “te puede tratar con la guaranguería más grande del mundo”. “Es muy difícil tratar con un tipo que no tiene límites”, agregó.

Hace un mes compartió una de las cenas habituales de sus noches en Punta del Este con Oscar González Oro, el popular comunicador que también vivía en Uruguay y falleció el viernes 25 de septiembre pasado. “Se dejó caer”, recordó. Según contó, el “Negro” había dejado de participar de esos encuentros y le había confesado que sentía que se le iban las ganas de vivir. “Estoy solo, soy un saldo y no quiero serlo”, le decía.

“No presentía su muerte, pero, tal vez, la buscaba, porque buscaba la paz”, sostuvo. En esas reuniones de los jueves también participaban dos veterinarios y Jorge Rodríguez, exjefe de Gabinete. González Oro le pedía que, cuando volviera a ver a Jorge Luis Borges, le preguntara si le había dedicado a él el verso sobre no haber sido feliz.

Llamas de Madariaga también recordó sus charlas con Juan Domingo Perón, a quien definió como “un fenómeno” para hablar, aunque “mentía como loco”. Contó que el expresidente le dijo: “Me visitan todos, menos los argentinos. Cada uno que me visita viene a buscar agua para su molino”.

Sobre los dirigentes uruguayos, afirmó que suelen ser más cultos que los argentinos. Recordó un casamiento donde compartieron mesa Julio María Sanguinetti, Luis Lacalle Pou, Jorge Batlle y José Mujica, entre bromas y charlas civilizadas. “Lacalle (h) anda en moto por todos lados y su padre va al supermercado y hace la cola como cualquier vecino”, ejemplificó. “Una escena así es imposible en la Argentina”, cerró.

Por qué importa

La entrevista expone el costo personal de la exposición pública y la tensión entre el periodismo crítico y el poder político, un debate vigente en la Argentina actual.

Qué sigue

El periodista sigue radicado en Uruguay y alejado de los medios, aunque mantiene su actividad como columnista y conferencista.

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