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Lucrecia Martel cerró el Filba: "Yo quería cambiar al mundo"

La cineasta habló en el Malba sobre su documental Nuestra Tierra, la desigualdad y el trámite como medida de la injusticia, ante un auditorio completo.

Redacción••3 min de lectura
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Lucrecia Martel: “Yo quería cambiar al mundo”

Lucrecia Martel quiso cambiar el mundo con el cine y admite que no le salió. "No me salió bien ese trabajo", dijo frente a un Auditorio del Malba completo, en el cierre del Filba, el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, que en cinco días convocó a unas 13 mil personas y sumó más de 20 mil conexiones a sus transmisiones por streaming.

La cineasta argentina encontró una forma menos solemne de insistir: "Declaren sus deseos. Salgan para adelante, a la conquista del espacio". La charla, moderada por la periodista Mercedes Halfon, recorrió sus obras más recientes: el libro Un destino común (Caja Negra), que reúne sus conferencias, y el documental Nuestra Tierra, estrenado en el Festival de Venecia 2025.

El eje fue una pregunta que atraviesa buena parte de su producción: qué puede hacer una obra cuando pretende intervenir en el mundo y qué queda cuando esa pretensión fracasa. Martel habló de territorio, desigualdad, comunidad, burocracia y violencia. También de la utilidad del cine y de la imaginación como forma de resistencia. "Conversar y escucharnos es una forma de recuperar nuestro territorio común", afirmó.

Nuestra Tierra es su primera obra de no ficción y se adentra en las comunidades indígenas, en particular en Chuschagasta, Tucumán. El punto de partida fue el asesinato de su dirigente Javier Chocobar, muerto de un balazo en 2009 por un terrateniente y dos expolicías. "Fue una bisagra en un momento en que la Argentina y el mundo está en transición. Nos sirvió como una balsa", sostuvo. Martel trabajó catorce años sobre el caso, entre 2011 y 2025.

Para la directora, la cuestión indígena no es solo económica sino histórica: pone en discusión el relato de origen de la Argentina y aquello que ese relato deja fuera. Mencionó a quienes deben "convivir con el riesgo permanente de que las echen de su lugar", en contraste con "lugares por los que circulan personas con menos problemas de supervivencia".

La película exigió elegir entre "cuatrocientas horas de filmación y más de cinco mil fotos". Pero la selección no respondía solo a una cuestión narrativa. El objetivo, explicó, era "generar una conversación". Esa preocupación la llevó a encontrar el eje de su último trabajo en la idea de "el trámite" y la "dramaturgia del expediente". El trámite, remarcó, es una forma de medir la desigualdad: cuánto dura y por cuántas instancias debe pasar una persona depende de su posición social, y eso determina cuánto dura su padecimiento.

El caso de Chuschagasta lo ilustra: un expediente por el derecho a la tierra llevaba 19 años peregrinando por cuatro oficinas, con pedidos a la gobernación de Tucumán para que evaluara una expropiación que databa desde el siglo XVII. Para describir el presente del país, Martel citó una frase que atribuyó a Fiódor Dostoievski y consideró "ordenadora del pensamiento": "al pobre no se lo echa a palos, se lo echa con la escoba". Así explicó el mecanismo que silencia a los incómodos: "la necesidad no sólo de la violencia, sino de la humillación".

Por momentos, Martel se corrió de la figura de la directora consagrada para hablar desde un lugar cercano a la trabajadora que imagina una película como herramienta. "No me interesa" una parte de su relación con el universo del prestigio, resumió. "Conozco la vida de directores que van a festivales y cócteles. Es aburrida. Con esta película estuve con las personas que quería conversar. Iba en camioneta hasta un cerro, me bajaba para la proyección y conversaba con la gente", contó.

Para Martel, el cine no es la verdad, sino cómo se construye la verdad. Y su apuesta actual pasa por que una película desate una conversación entre personas que habitualmente no comparten territorio.

Por qué importa

La intervención de Martel pone el foco en la desigualdad frente a la Justicia y en el reclamo territorial de las comunidades indígenas, un debate que su documental instala en un circuito masivo como el Filba.

Qué sigue

Nuestra Tierra continúa su recorrido por festivales y proyecciones tras su estreno en Venecia 2025. El libro Un destino común sigue circulando como compilación de sus conferencias.

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