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Lula asume su cuarto mandato en Brasil: déficit, Congreso hostil y mercados en alerta

El líder del PT vuelve al poder tras vencer a Flavio Bolsonaro con el 51,8% de los votos, en un país con endeudamiento del 83% del PBI e inflación del 5%.

Redacción••3 min de lectura
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Lula asume su cuarto mandato en Brasil: déficit, Congreso hostil y mercados en alerta

Luiz Inacio Lula da Silva asumirá en enero su cuarto mandato presidencial en Brasil, tras imponerse en el balotaje con el 51,8% de los votos frente al 48,2% que obtuvo Flavio Bolsonaro. El líder del PT vuelve al poder en un país polarizado, con un Congreso dominado por el conservadurismo y mercados que reaccionaron con desconfianza a su reelección.

Al finalizar este mandato, Lula habrá gobernado Brasil durante 16 años, más que cualquier otro presidente con excepción de Getulio Vargas. La contienda estuvo marcada por la crispación: la Justicia modificó horarios electorales durante los comicios y generó confusión entre los votantes.

La actuación del juez Alexandre Moraes, del Supremo Tribunal Federal, le ofreció al senador Bolsonaro la posibilidad de construir una narrativa de persecución política. El magistrado solicitó los pasaportes del candidato, aunque sin emitir órdenes de detención. Bolsonaro es investigado por eventuales vínculos con personajes acusados de lavado de dinero.

Tras una salida azarosa del país, el senador llegó a Miami y, en una alocución extravagante, se proclamó "verdadero presidente electo de Brasil". Su ausencia deja atrás más de 60 millones de votos en búsqueda de liderazgo, en un contexto donde una derecha respetuosa de las instituciones busca emanciparse del clan familiar.

Los mercados internacionales reaccionaron con alertas ante la nueva reelección. El real se desplomó frente al dólar en su peor caída en un solo día de los últimos 25 años. Lula deberá ordenar el enredo económico heredado de su tercera presidencia: endeudamiento público del 83% del PBI, bajo crecimiento, déficit fiscal pronunciado, inflación anual del 5% y tasas de interés elevadas.

Durante la campaña, el presidente reelecto prometió retomar programas sociales, ofrecer transporte público gratuito los fines de semana y logró que el Congreso redujera la semana laboral de 44 a 40 horas sin recorte salarial. Si todas esas promesas se materializaran, implicarían un fuerte incremento del déficit fiscal.

El empresariado brasileño presiona para evitar una crisis económica, atemorizado por el abandono de la razonabilidad fiscal y las promesas demagógicas, junto al recuerdo de la hiperinflación de los años 90. La cuarta presidencia de Lula se iniciará con un Congreso hostil y la desconfianza de los mercados.

La figura del obrero metalúrgico que alcanzará cuatro veces la presidencia por vía electoral tiene garantizadas sus páginas en la historia brasileña. Durante sus dos primeros mandatos (2003 a 2010), mantuvo coqueteos con Hugo Chávez y los Kirchner, pero a diferencia de sus socios del Foro de San Pablo, adoptó un vuelco realista en la mirada del escenario global. Con políticas económicas responsables, el Financial Times destacó su rol como defensor del libre comercio.

Su carrera sufrió un duro revés en 2018, cuando fue encarcelado tras una condena por corrupción y lavado de dinero en la trama de una gigantesca red de sobornos enquistada en el Estado. Fue liberado al año siguiente y el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas. Su tercera presidencia, menos pragmática y más recostada en la militancia, enfrentó dificultades para maniobrar en un mundo en guerra.

En lo económico, Lula deberá brindar previsibilidad al mercado. En lo social, retomar las políticas de inclusión sin revivir los errores del pasado. En seguridad, tendrá que desarmar las milicias y el crimen organizado que se fortalecieron y devolverle autoridad al Estado.

En Brasil se asiste al fin de una era política que traerá la renovación de sus dirigencias. En medio de una sociedad polarizada y parlamentarios con lealtades laxas, alcanzar acuerdos requerirá una paciencia de orfebres. El gobernador de San Pablo, Tarcisio de Freitas, podría consolidarse como una figura creciente de la derecha institucional. Lula, a los 81 años, finaliza su ciclo político mientras ambos espacios miden capacidades con miras a las elecciones de 2030.

En su discurso de la victoria, Lula se cuidó de confrontar con el gobierno de Estados Unidos. Es probable que los intereses prevalezcan entre Brasilia y Washington. La Argentina necesita estrechar vínculos con su principal socio, aliado e importante inversor. El Acuerdo Mercosur-Unión Europea requiere esfuerzos conjuntos, y la actual ausencia de embajadores en Buenos Aires y Brasilia es una anomalía histórica que debería subsanarse pronto.

Por qué importa

El rumbo económico de Brasil, principal socio comercial de Argentina, queda en disputa: Lula promete más gasto social con mercados desconfiados, y la relación bilateral arrastra la anomalía de embajadas vacías en Buenos Aires y Brasilia.

Qué sigue

La asunción en enero y la conformación del nuevo Congreso definirán si Lula puede sostener sus promesas sociales sin desbordar el déficit. La derecha ya mide fuerzas para 2030, con Tarcisio de Freitas como posible referente.

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