Naufragio en Florianópolis: la odisea de Gustavo Mehl, único sobreviviente
En 2007, una tormenta destruyó el barco en el que viajaba con dos amigos; él logró salvarse y hoy cuenta su historia.

Gustavo Mehl, de 78 años, es el único sobreviviente de un naufragio ocurrido el 18 de julio de 2007, cuando el velero en el que viajaba con dos amigos se hundió cerca de los islotes de Brasil, a poco de llegar a Florianópolis. La embarcación, llamada "Don Raúl", se destrozó contra las rocas tras ser azotada por un fuerte temporal. Mehl, que hoy reside en Mar del Plata, recordó la experiencia en una entrevista con LA NACION.
El viaje había sido planeado minuciosamente por Daniel Bastit, dueño del barco, junto a su primo Alberto y Gustavo. Partieron el 11 de julio desde Argentina con destino a la isla brasileña, pero el mal tiempo y un error en el parte meteorológico cambiaron su rumbo para siempre.
Según relató Mehl, la primera etapa del trayecto transcurrió sin contratiempos: hicieron una escala en La Paloma, Uruguay, y continuaron hacia Río Grande do Sul. Sin embargo, al salir de Uruguay, la Guardia Costera les entregó un parte meteorológico del día anterior, que indicaba condiciones óptimas. "Nos imprimieron el del día anterior, que había sido fantástico", explicó. Horas después, el mar se volvió una trampa: vientos de 40 nudos y olas de más de nueve metros golpearon la embarcación.
Durante la tormenta, el "Don Raúl" fue azotado sin piedad. "Eran paredes de agua que rodeaban la embarcación", recordó Mehl. "El barco tenía que 'capear el temporal', que es cuando a la ola la tenés que enfrentar. La pinchaba y te pasaba toda esa masa de agua por arriba". Dentro, todo volaba: muebles, víveres y hasta una mesa de roble de 100 kilos que "iba de un lado para el otro como si fuera un papel".
Pese a la furia del mar, lograron superar esa primera prueba y llegaron a la zona de Río Grande, pero al anclar, el ancla se soltó debido a la arena blanda del fondo. A la deriva, la corriente los llevó hacia unos islotes rocosos. "Cuando me desperté, escuché los motores y pregunté: '¿A dónde vamos?'. Daniel me respondió: 'Preguntame de dónde venimos'", contó Mehl.
El impacto contra las rocas fue inevitable. El barco comenzó a hundirse rápidamente. "Tuve que elegir: aferrarme a un barco que se hundía o saltar", dijo. Mehl saltó al agua helada y logró subir a una balsa salvavidas que habían llevado a bordo. Desde allí, vio cómo sus amigos desaparecían entre las olas. "Fue la única vez en el viaje que tuve miedo", confesó.
Tras horas a la deriva, fue rescatado por pescadores locales. "Tengo más vidas que un gato", bromea hoy, pero reconoce que la experiencia le cambió la perspectiva: "Amigos, familia, salud, afectos. Eso es lo más importante".
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