Orientatlón: la carrera de aventura donde los chicos toman el mapa y deciden el rumbo
Sin recorrido fijo y con carta topográfica en mano, padres e hijos eligen juntos qué puntos buscar en las Sierras de Córdoba.

Una carrera sin recorrido predeterminado. Antes de la largada, cada equipo recibe una carta topográfica con distintos puntos testigo o de control. El desafío es decidir cuáles buscar, trazar una ruta y desplazarse de manera autónoma por el terreno dentro de un tiempo límite. Así funciona el Orientatlón, una prueba de orientación y aventura que se corre en las Sierras de Córdoba.
La edición 2026 de la Expedición La Cumbrecita se realizó el sábado 19 y el domingo 20 de septiembre. La competencia arrancó a las 14 del sábado y terminó al mediodía del domingo, con una parada obligatoria y un pernocte en un campamento agreste instalado en el puesto de la familia Merlo.
Cuando se da la señal de largada, la primera decisión no necesariamente es correr. Los equipos despliegan el mapa y eligen por qué quebrada ascender, qué filo bordear o qué arroyo cruzar. No existe un único camino correcto: la estrategia consiste en encontrar la mejor combinación entre distancia, dificultad y cantidad de puntos.
Los puestos testigo tienen diferentes puntajes según la dificultad técnica, el desnivel y la distancia desde la largada. Los equipos de elite suelen buscar los de mayor valor, ubicados en sectores más alejados y de acceso complejo. Para alcanzarlos pueden superar los 50 kilómetros en menos de 12 horas de marcha.
En las zonas más bajas y accesibles hay una mayor concentración de puestos de menor valor que, combinados, también construyen un puntaje competitivo. La clave no es solamente caminar más, sino decidir qué recorrido conviene hacer.
Para quienes participan por primera vez, la organización ofrece antes de la largada charlas introductorias con nociones de navegación y orientación. Además de las categorías de elite, existen modalidades para principiantes y para padres e hijos, con entre 10 y 15 puntos accesibles para niños y personas que recién comienzan.
Ahí aparece uno de los rasgos particulares de la competencia: los chicos no quedan relegados al papel de acompañantes. "Hay algo maravilloso de la categoría familiar del Orientatlón: aunque los chicos participan acompañados por sus padres, dejan rápidamente de ser simples acompañantes para transformarse en protagonistas", señala Pablo Bravo, fundador de la escuela de montaña Azimutrek, a cargo de la organización, con expediciones en la cordillera de los Andes y el Himalaya nepalés.
Leer una carta topográfica implica comprender escalas, reconocer puntos cardinales e imaginar un terreno tridimensional a partir de las líneas dibujadas sobre el papel. Después llega la segunda parte: caminar ese mismo terreno y comprobar si la interpretación fue correcta.
"Frente a una vida cada vez más mediada por dispositivos, mapas digitales, GPS e imágenes bidimensionales, la montaña obliga a volver a mirar, calcular, interpretar, imaginar y decidir por uno mismo", agrega Bravo.
Germán Frassia es ingeniero, tiene 47 años y ya participó junto a sus hijos, hoy de 6, 7 y 11 años, en seis ediciones. "La primera vez fue en 2018. Fui solo, con mi hija de 3 años en la mochila. Recuerdo las sierras, la brújula y ella durmiendo en carpa bajo una lluvia torrencial, con esa felicidad que no se puede explicar pero tampoco se olvida", cuenta.
"Hoy es una carrera de padre e hijos: voy con mis tres chicos y son ellos los que me piden volver. Ya es un clásico", sostiene Frassia. Y remarca: "Los chicos toman el mando. Ellos deciden por dónde arrancar, qué testigos buscar, qué estrategia seguir. El adulto acompaña".
La posibilidad de que sean los chicos quienes decidan el rumbo también marcó la primera participación de Juan Rodríguez Masip. Tiene 41 años, es arquitecto y debutó en el Orientatlón en 2025 junto con su mujer, Natalia, y sus hijos Joaco, de 9 años, y Nachi, de 6.
"Lo que más me gustó fue ver a mis hijos viviendo una experiencia totalmente distinta a lo que están acostumbrados. Estar en otro ambiente, en plena naturaleza, sin saber demasiado con qué se iban a encontrar y animarse a vivirlo", dice Masip.
Para el arquitecto también fue interesante ver cómo sus hijos y los otros chicos "iban encontrando sus límites, cuándo seguir, cuándo parar o buscar otra alternativa". "La experiencia fue tan positiva para ellos y para nosotros que este año decidimos volver, pero esta vez sumando a 8 familias amigas", cierra.
Por qué importa
La prueba propone una experiencia de autonomía y trabajo en equipo en plena naturaleza, en un contexto donde los chicos pasan cada vez más tiempo frente a pantallas. Para las familias, el mapa y la brújula se vuelven una excusa para compartir decisiones y límites fuera de la ciudad.
Qué sigue
La organización ya trabaja en la próxima edición de la Expedición La Cumbrecita, prevista para septiembre de 2027, con cupos para las categorías de elite, principiantes y familias.
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