Agricultura

Un empresario chino invierte en un feedlot bonaerense con ambición de engordar 100.000 animales por año

Sun Wei, líder de New American World, se asoció con Antonio Riccillo en Saladillo para romper la tradición asiática de comprar carne ya faenada e invertir en toda la cadena ganadera.

Redacción2 min de lectura
Un empresario chino invierte en un feedlot bonaerense con ambición de engordar 100.000 animales por año
Un empresario chino invierte en un feedlot bonaerense con ambición de engordar 100.000 animales por año

Sun Wei, empresario chino de la firma New American World, desembarcó hace dos meses en el feedlot de Antonio Riccillo entre Saladillo y General Alvear con una propuesta que marca un quiebre en la relación comercial histórica entre Asia y la ganadería argentina. A diferencia del modelo tradicional donde los inversores asiáticos compran carne ya procesada, Wei apunta a compartir los riesgos de la producción desde cero, con una meta ambiciosa: llegar a engordar 100.000 cabezas de ganado por año.

El productor de 71 años no proviene de familia ganadera. Su carrera comenzó en la electrónica: desarrolló equipos de telefonía inalámbrica que le permitieron comprar sus primeras hectáreas hace 42 años en El Mangrullo. Desde entonces, a base de asociaciones sucesivas, armó un polo productivo diversificado que incluye casi 5.000 madres de cerdo, seis granjas avícolas, una planta de extrusado de soja y una instalación de bioenergía que inyecta electricidad a la red nacional.

El vínculo con Wei comenzó con una recomendación de uno de los frigoríficos exportadores más grandes del país. Riccillo cuenta que el empresario chino llegó a su primer asado con dos sandías bajo el brazo, costumbre que refleja su cultura de respeto y atención. Con el tiempo, ese nexo se fortaleció más allá de la barrera idiomática, sostenido con traducción e inteligencia artificial.

Lo que diferencia este acuerdo es el nivel de involucramiento en la producción. Hasta ahora los chinos compraban la vaca o la carne en el frigorífico, explicó Riccillo. En esta ocasión, Wei compra la hacienda a nombre de su empresa y la envía a los corrales. El equipo local se encarga de sumarle los kilos necesarios antes del faenamiento. Dos meses atrás comenzaron con cerca de 700 animales y planean sumar novillos pesados pronto.

La disciplina asiática que rige en lo social marca también los objetivos comerciales. Wei expresó el propósito de alcanzar 2.000 animales en dos meses y luego traer inversores adicionales de China. La cifra de 100.000 animales anuales parece exorbitante, pero Riccillo la considera posible dentro de una proyección razonable, aunque admite que hoy la ecuación económica no cierra.

El productor señala que el precio del ternero está explosivo y que el atraso cambiario golpea todas las unidades de negocio. El dólar pasó de 1.500 pesos hace dos años a menos de 1.400 pesos actualmente, mientras que sueldos y servicios se incrementaron sustancialmente. Sin un ajuste en el corto plazo, la producción está complicada, advirtió.

Riccillo también denuncia trabas burocráticas que erosionan la rentabilidad. Las menudencias no logran ingresar a China por falta de gestión ágil entre funcionarios nacionales y chinos. Además, cortes que los asiáticos pagarían 2.000 dólares la tonelada terminan vendiéndose en África por 600 dólares. Demanda herramientas financieras que permitan retener vientres y agregar kilos a través de créditos específicos.

El estancamiento del stock bovino argentino contrasta con el desempeño de Brasil, amparado en políticas de Estado que le permitieron quintuplicar su rodeo. En Argentina, nunca hubo un plan ganadero estructurado desde el Estado, lamentó. Riccillo ve el futuro en cortes premium, la cuota Hilton, la 481 y la exportación directa a nichos internacionales. Anotó que los animales de 380 kilos dejaron de ser un problema comercial. La marca argentina de carne de calidad sigue vigente, concluyó.

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