Diseño Interior

Un monoambiente de 31 metros en pozo: cómo lo transformaron sin sumar un metro

Franco compró su primer departamento a los 28 años y encargó una reforma por etapas para resolver el guardado y dividir el ambiente sin perder luz.

Redacción••3 min de lectura
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Un monoambiente comprado en pozo se llevó al máximo de sus posibilidades

Franco tenía 28 años cuando le entregaron las llaves de su primer departamento, un monoambiente de 31 metros cuadrados comprado en pozo. Antes de mudarse, contactó a la arquitecta Malena Ungaro, de Ungaro Estudio, para resolver los problemas que traía la unidad: llegó completamente vacía, con una cocina básica, sin soluciones de guardado ni identidad propia.

La intervención se hizo por etapas y arrancó por el mueble divisorio, la apuesta más importante del proyecto. "Él estaba relajado, quería tenerlo lindo antes de mudarse. Lo primero fue tomarse el tiempo para ver bien el proyecto y definirlo y después sí, empezamos una intervención por etapas", explicó Ungaro.

El desafío central era el clásico de los monoambientes: dividir los espacios sin resignar luz. El departamento tenía ventanas en ambos lados, pero la del sector del dormitorio, que además cuenta con balcón, ofrecía la mejor orientación. La solución fue un mueble que separa, suma guardado y garantiza intimidad, pero que no bloquea de piso a techo.

"La idea fue no bloquear de piso a techo con un mueble, pero a la vez necesitábamos que tenga ciertas dimensiones porque iba a ser el único lugar de guardado para la ropa", sostuvo la arquitecta. El diseño se hizo en MDF laqueado con puertas y cajones ranurados, aprovechó al máximo la parte alta y la base, y dejó abierto el espacio central para ganar amplitud.

La cocina también cambió de lógica con la incorporación de una isla, una decisión que el dueño aprobó y que, según Ungaro, resultó un acierto. "El cliente se animó a la isla en la cocina y fue un acierto rotundo por lo que sumó en general, no solo en guardado sino en la dinámica. La barra funciona tanto como espacio de trabajo como lugar de encuentro para recibir invitados", remarcó.

El mueble bajo mesada se resolvió en melamina Scotch y la mesada en granito Negro Brasil, respetando la existente. En el recibidor se combinó melamina Scotch con MDF laqueado, y el banco de la recepción funciona como zapatillero. El estante del sector de TV y la mesa ratona se hicieron en madera de paraíso laqueada en negro con poro abierto, para aportar calidez y contraste.

La paleta se definió desde el arranque: tonos grises y negros, en línea con el estilo del dueño. "Nos fuimos a los tonos más grises y negros, con los que él se sentía representado", aseguró Ungaro. En algunas paredes se aplicó un estuco que aporta textura y profundidad.

"La idea del estuco surgió buscando una alternativa para jugar con la textura. Me parecía un lindo recurso que iba a sumar profundidad e implicaba una inversión mínima frente a otras alternativas de revestimientos, como la madera", detalló la arquitecta.

Del sillón y la mesa a las cortinas, las luces e incluso los enchufes, casi nada de los 31 metros quedó sin intervenir. La obra avanzó en etapas: primero el mueble divisor y la isla, después el recibidor, el sofá y la mesa ratona, y por último el respaldo de la cama. En el cuarto se eligió un sistema de doble paño con blackout y gasa de lino, y el sillón en pana verde sumó un toque de color al living.

"Este proyecto muestra cómo, con decisiones de diseño estratégicas, un monoambiente puede multiplicar sus posibilidades sin aumentar los metros cuadrados", concluyó Malena Ungaro.

Por qué importa

El caso refleja el desafío de miles de compradores de unidades chicas en pozo: cómo convertir un ambiente vacío y sin guardado en un espacio habitable sin ampliar los metros. Las soluciones de diseño por etapas aparecen como alternativa frente a los costos de una refacción integral.

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