Medios de Comunicación

Walter Cornás y Juan Cavia: los directores de arte que construyen los mundos del cine y el rock argentino

La dupla detrás de Moria, Ringo y videoclips de Fito Páez y Andrés Calamaro trabaja en un territorio invisible: fabricar lo que después parece real.

Redacción••4 min de lectura
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Detrás de cada película, serie o videoclip hay un oficio que casi nunca aparece en los créditos principales. Walter Cornás y Juan Cavia son directores de arte y diseñan los mundos visuales que el espectador da por sentados: la casa del protagonista, el color de una pared, la textura de un objeto, la atmósfera que vuelve creíble una historia. Juntos trabajaron en las series Moria, Gutiérrez is mai neim y Ringo, gloria y muerte, y en las películas Desearás y Yo soy así, Tita de Buenos Aires.

También firmaron el arte de videoclips para Fito Páez, Andrés Calamaro, Milo J, Tini, Miranda! y Diego Torres. Su sociedad empezó mucho antes de los grandes sets, cuando eran dos adolescentes que hacían cine con recursos mínimos y una cámara de VHS.

Cornás tiene 47 años y nació en Gijón, España. Llegó a Haedo a mediados de los 90, aunque su infancia ya había transcurrido entre Argentina y España por una familia repartida entre ambos países. El cine entró por los VHS y el Betamax. “La televisión fue como mi chupete”, recuerda. Allí descubrió Volver al futuro, Rocky, Indiana Jones y las películas de John Carpenter, Joe Dante y Steven Spielberg. “Lo que me fascinaba no era solamente la historia en sí, sino aquello que ocurría detrás de ella, como las maquetas, los efectos ópticos, decorados, objetos, mundos que parecían prestablecidos y que, sin embargo, alguien había construido”.

A los 12 años encontró una cámara Panasonic Omnivision de VHS y empezó a filmar. “Toda mi experiencia es autodidacta, de oficio, de poner play-pausa, observar, registrar, ver películas e ir mucho al cine”. De esa rutina nació Farsa Producciones, la productora con la que en 1997 hizo junto a su amigo Pablo Parés Plaga Zombie, cuando tenían 17 años. La película se rodó a pulmón, con compañeros de colegio convertidos en muertos vivos y sangre fabricada con colorante de repostería. “Me veo con esa edad y digo: ‘Mirá lo que hicimos’. Lo que faltaba en dinero sobraba en imaginación”.

Juan Cavia, de 42 años y nacido en San Martín, creció entre teatros y ensayos porque sus padres eran actores. Estudió piano durante años y dibuja desde los 10. Su maestro de dibujo, Carlos Pedrazzini, le sugirió estudiar cine. “Caí al cine un poco de rebote”, cuenta. Ingresó a Dirección de Cine en el Cievyc y descubrió que el dibujo podía ser una forma de narrar. Así comenzó como storyboardista, el oficio de dibujar en viñetas, escena por escena, todo el film a partir del guion.

El vínculo entre ambos se produjo en 2003, cuando Cavia tenía 18 años. Paulo Soria, integrante de Farsa Producciones y alumno de teatro del padre de Cavia, le mostró Plaga Zombie, que lo enamoró. Cornás vio en él una capacidad particular para traducir ideas en imágenes. “El concept art del video de Attaque 77 ‘Arrancacorazones’ lo hizo Juan. Yo estaba al lado tratando de transmitirle emociones y él concretamente bajaba todo a ‘Bueno, así se vería’”, recuerda Cornás. Después llegaría el videoclip de “Uno los dos”, de Miranda!, que consideran uno de los primeros momentos en los que trabajaron realmente juntos en todo el arte.

La dupla se construyó sobre una diferencia. “Juan es mejor para plasmar las ideas voladas que puedo pensar yo”, explica Cornás. Cavia tiene una mirada más ligada a la materialización; Cornás imagina aquello que todavía nadie sabe cómo construir, a excepción de su socio.

Según los manuales, el director de arte desarrolla el concepto visual de un proyecto a partir del guion y de la mirada del director. Trabaja sobre los espacios, los decorados, los objetos, la gráfica, las texturas y los materiales. Pero no lo hace en soledad: interactúa con el director general y con las áreas de fotografía, producción, vestuario, maquillaje, peluquería y utilería.

La dirección de arte suele confundirse con la búsqueda de belleza. Para ellos, el oficio es otra cosa. “La gran confusión con la dirección de arte es pensar que el director de arte hace las cosas lindas. No tiene que ver con lo lindo o lo feo, tiene que ver con la construcción de lo que se ve en el cuadro”, precisa Cavia.

La diferencia con el área de Fotografía es central. Mientras la dirección de fotografía define cómo la cámara registra la imagen mediante luz, ópticas, exposición, movimiento y encuadre, Arte construye aquello que la cámara encuentra. Ambas comparten un objetivo: construir la identidad de la película.

“El departamento de arte va desde el inicio del proyecto, cuando estás leyendo el guion como para encontrar el tono visual, hasta entregar la pieza final”, recapitula Cavia. El proceso arranca con una lectura emocional e intuitiva. Después aparecen las preguntas concretas: de qué habla la historia, quiénes son sus personajes, dónde y cuándo sucede, cuál es su tono y qué debe sentir el espectador. A partir de allí se investiga.

“La investigación es el respaldo. Y tiene que ser suficiente como para que te pregunten cualquier cosa y puedas responder. Se termina cuando te sentís seguro de abarcar la totalidad”, completa Cavia.

Por qué importa

La dirección de arte define cómo se ve y se siente una historia, aunque casi nunca reciba crédito público. La dupla representa una generación de profesionales argentinos formados en el under que hoy trabaja en las producciones más grandes del país.

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