Historias Personales

A los 72 años se recibió de abogada: "El estudio fue mi salvación"

Silvia Maggio completó su tercera carrera universitaria en la UNLaM tras una vida marcada por la pobreza, el exilio y la determinación de vencer las adversidades.

Redacción3 min de lectura
A los 72 años se recibió de abogada: "El estudio fue mi salvación"
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Silvia Maggio se recibió de abogada en la Universidad Nacional de La Matanza a los 72 años. Es su tercer título universitario y representa el cierre de una trayectoria académica que comenzó décadas atrás, impulsada por la necesidad de escapar a la pobreza extrema en la que nació. "Nací en una villa, mucha miseria y soledad. En vez de contar ovejitas para dormirme, contaba las ratas que cruzaban los tirantes del techo", rememora sobre su infancia. "Me rebelé contra todo eso. A los 13 años empecé a darme cuenta que mi enemigo era el sistema", agrega.

Antes de convertirse en abogada, Maggio fue enfermera y psicóloga. Obtuvo el título de psicología en la Universidad de Buenos Aires mientras trabajaba ocho horas diarias y era madre soltera. "Vendía productos en los colectivos para costear mis gastos", explica sobre esos años de arduo esfuerzo. Su vida fue una sucesión de desplazamientos: trabajó en Las Vegas realizando tareas de limpieza y atención en hoteles, ejerció como enfermera en España y prestó servicios en República Dominicana. El exilio fue temporal, motivado por la crisis económica de 2001. "En el exilio es como contener la respiración, nadar bajo el agua con la corriente arrastrándote", describe ese período.

Al regresar a Argentina y jubilarse, Maggio sintió un vacío existencial. "Lo que sentía era que faltaba algo, como un vacío en mi vida, una falta de objetivo. Como si te preguntaras: '¿Esto es todo?'. Continuar siguiendo un camino hacia ninguna parte", relata. Entonces se anotó en un centro de educación profesional donde cursó más de 20 disciplinas tan variadas como plomería, electricidad, gasista, repostería y reparación de computadoras. Fue, a su juicio, un período de preparación para volver a la academia.

La carrera en la UNLaM no fue sencilla. Maggio enfrentaba problemas de movilidad que la obligaban a usar bastón y una jubilación mínima que limitaba sus recursos. "Mi vida entera fue gasolera. La carrera de psicología la banqué vendiendo arriba de los colectivos. En la UBA conseguía becas de apuntes y los pagaba más baratos usados. En la UNLaM ya estaba jubilada, así que con el mismo método gasolero pude recibirme", explica. En los meses de invierno, su rutina comenzaba a las cinco de la mañana para llegar a las clases de las ocho. Frecuentemente, el transporte público no se detenía por exceso de pasajeros, lo que la obligó a modificar sus horarios varias veces.

Durante la pandemia, afrontó una cirugía de urgencia tras la detección de un tumor maligno en el estómago. "Me despedí de mis hijos porque no sabía si iba a salir con vida. Luego pude recuperar el tiempo perdido y seguir adelante. El estudio fue mi salvación, me dio armas para luchar", sostiene. Su resiliencia fue reconocida por su familia, que la describió como "la primera rebelde". "No podes nacer tan falto de todo y no serlo", reflexiona Maggio sobre esta caracterización.

En la facultad nunca se sintió desplazada por su edad. "Siempre fue mi lugar en el mundo. La juventud es maravillosa, te contagia todo el tiempo su alegría, sus ganas de triunfar y su ritmo para lograr el éxito rápido", comenta. La relación fue recíproca: ella ayudaba a sus compañeros más jóvenes con contenidos académicos, especialmente en materias de política económica que vivió en primera persona. Este intercambio generacional le permitió combatir la tendencia social a descartar a los mayores de la vida productiva.

Con el diploma en sus manos, Maggio no planea jubilarse del todo. Su próximo objetivo es el ejercicio de la docencia en contextos de encierro. "Nuestro país lleva años de atraso en condiciones de vida de las cárceles. La corrupción política es endémica y el sistema expulsa, discrimina y encierra a los que no producen: los viejos, los locos y los delincuentes", analiza con dureza. Su propuesta es ofrecer segundas oportunidades a través de la educación, el camino que ella considera el mejor salvavidas para quienes se encuentran en situación de encierro. "Batalla perdida es la que no te animaste a luchar", sentencia.

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