Sociedad

Adolescentes bajo hipnosis: cómo los líderes y las redes capturan el deseo

La angustia y la incertidumbre impulsan la búsqueda de pertenencia en un mundo hiperconectado, según un análisis psicoanalítico.

Redacción2 min de lectura
Adolescentes bajo hipnosis: cómo los líderes y las redes capturan el deseo
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La proliferación de liderazgos disruptivos y el uso permanente de redes sociales no son solo fenómenos comunicacionales de moda. Podrían ser síntomas de una desorientación y una angustia profunda que atraviesan a adolescentes y jóvenes. ¿Dónde se juega hoy el deseo de cambio y qué forma toma el rechazo a lo establecido?

En Psicología de las masas y análisis del yo, Sigmund Freud comparó el enamoramiento con la hipnosis: en el primero, el sujeto idealiza al objeto; en la segunda, el hipnotizador ocupa ese lugar directamente. En ambos casos, el sujeto se debilita y se somete. La masa es la multiplicación de ese mecanismo.

Cuando la incertidumbre crece y las referencias tradicionales se desmoronan, la necesidad de pertenecer se intensifica. La adolescencia —hoy extendida más allá de sus límites tradicionales— ofrece una imagen clave para comprender lo que sucede. La búsqueda de identificaciones fuertes, grupos de referencia y relatos que respondan a dos preguntas decisivas: ¿qué soy para el otro? y ¿qué debo ser?

Las redes sociales aprovechan la “pulsión escópica”, según Jacques Lacan: el impulso inconsciente de mirar y ser mirado. Pero hoy no se trata solo de mostrarse o de voyeurismo, sino de que “existo si soy visto”.

Los liderazgos entienden esta demanda. Más que propuestas o programas, ofrecen pertenencia, un relato, un nosotros y un ellos. Cuanto mayor es la incertidumbre y la angustia, más seductora resulta la promesa de una comunidad sin fisuras, una verdad sin contradicciones o una satisfacción sin pérdida.

En sociedades hiperconectadas y con vínculos frágiles, la búsqueda identitaria adquiere una intensidad voraz. Los algoritmos no crean el deseo, pero lo orientan: conectan al sujeto con objetos que resuenan con sus modos de goce.

La hipnosis ya no se produce solo por un líder ni solo por una pantalla, sino por su articulación. El líder opera por la identificación y el enamoramiento; el dispositivo, por la captura. Esto tiene consecuencias sobre el lazo social: si en el siglo XX la masa se organizaba en torno a un líder, hoy las formas de agregación son más fragmentadas.

La pertenencia y el aislamiento ya no se oponen: ocurren al mismo tiempo. Cada sujeto está solo frente a su pantalla e integrado en circuitos que refuerzan identificaciones. La voz moral que antes prohibía hoy empuja a gozar.

No se trata de una pérdida del deseo, sino de su captura hipnótica: un deseo suspendido, capturado por imágenes y discursos que anticipan respuestas antes de que las preguntas se formulen. El conflicto no reside solo en ciertos líderes, sino en lo que millones buscan desesperadamente en ellos. Las promesas de identidad plena, pertenencia y protección absoluta resultan seductoras porque ofrecen alivio ante la angustia.

Pero, ¿qué ocurre cuando se dejan de elaborar preguntas y solo hay fascinación por respuestas fijadas? Allí reside uno de los desafíos centrales: recuperar un lugar para el deseo donde la fascinación parece ocuparlo todo.

Fuente: Clarín.

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