Historias Personales

Alejandra Forlán: "Siempre elegí la vida" después del accidente que la dejó cuadripléjica

La escritora uruguaya publica un libro en el que reconstruye tres décadas de rehabilitación, dolor y las formas inesperadas de la felicidad.

Redacción3 min de lectura
Alejandra Forlán: "Siempre elegí la vida" después del accidente que la dejó cuadripléjica
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Alejandra Forlán habla despacio, hace pausas para respirar. Acaba de publicar Buen día, vida (Grijalbo), un libro en el que reconstruye el accidente que la dejó cuadripléjica a los 17 años, las décadas posteriores de internaciones y rehabilitación, y las formas inesperadas de la felicidad. En su relato no hay épica impostada ni frases motivacionales prefabricadas, sino una mirada lúcida sobre la fragilidad humana y una obstinada voluntad de vivir.

Nació en Montevideo en 1974 en una familia atravesada por el fútbol. Su padre es Pablo "el Boniato" Forlán, campeón uruguayo con Peñarol y ganador de la Copa Libertadores, la Intercontinental y la Copa América. Su hermano menor es Diego Forlán, figura de la selección uruguaya y Balón de Oro del Mundial de Sudáfrica 2010.

El 14 de setiembre de 1991 salió de un boliche en Montevideo junto a su exnovio. Era de madrugada, había llovido y el asfalto estaba mojado. El auto despistó en la bajada de Coímbra, en Punta Gorda, y se estrelló contra una palmera. "Me acuerdo perfecto del accidente, yo estaba consciente en ese momento. Después pierdo la consciencia y me despierto en el sanatorio con la voz de mi madre", rememora.

En ese instante suspendido entre la vida y la muerte, Alejandra dialogó con Dios. "Le pedí quedarme. Quería volver a ver a mi familia", recuerda. Y asegura: "Nunca le pedí cuentas a Dios". La frase que la empujó hacia adelante llegó de su madre, Pilar Corazo, apenas despertó en el sanatorio: "La vida de Gonzalo se apagó. Está en vos seguir andando".

Durante los siete meses de la primera internación, Pilar permaneció a su lado. Alejandra es plenamente consciente del sacrificio. "Soy consciente de que les he robado, un poco y un mucho, a mamá", admite en referencia a su padre y a sus hermanos. Pilar reorganizó su vida para dedicarse al cuidado de tiempo completo de su hija y aparece como una figura central en el libro, que incluye el prólogo que ella escribió.

Con su hermana Adriana construyó una complicidad profunda. Compartieron amigas, actividades y un emprendimiento de diseño de vestuario llamado AForlán, nacido de la necesidad de convertir la traqueotomía en un detalle más dentro de su imagen. "Buscábamos un accesorio especial y en los pañuelos que ideamos encontré aliados", recuerda.

Después del accidente vino una nueva vida: la silla de ruedas, las rutinas médicas, las internaciones, la dependencia física. También una transformación interior. "La discapacidad te hace desarrollar mucho más la observación", dice. "Lo que más trabajé durante estos casi 35 años es el contacto conmigo misma. La introspección".

En 2019 atravesó una internación gravísima. Los médicos le dijeron a su madre que se ocupara de despedirse. Su capacidad respiratoria, que ya funciona apenas al 40%, volvió a quedar al límite. Pilar repitió el gesto de años atrás: "Vos elegís lo que quieras. Si querés vivir, yo te acompaño; si no, también te acompaño". Alejandra volvió a elegir vivir, pero desde entonces se alimenta mediante un botón gástrico: un dispositivo conectado directamente al estómago.

Habla del botón gástrico y la traqueotomía sin victimismo, casi con naturalidad. Viajar es una de sus pasiones y una de sus mayores batallas. Después de la colocación del botón, los vuelos provocaban graves complicaciones. "Yo nunca trato de rendirme. Trato de buscar soluciones mientras las haya", afirma. Con especialistas encontró una medicación que redujo los efectos secundarios y hace dos años retomó los vuelos con éxito.

La felicidad, para Alejandra, rara vez está asociada a grandes acontecimientos. Aparece en lo mínimo. "La risa de mis sobrinos, el sol, el aire, el mar", enumera. Aunque no pueda bañarse, sigue yendo a la playa. Habla de sentir el viento en la cara, de valorar una lágrima.

En el libro hay una frase que funciona casi como declaración de principios: "La vida es del color que elijas". Ella la explica así: "No es lo que te pasa, sino lo que hacés con eso. Lo que te decís sobre lo que te pasa".

Lejos de encerrarse, Alejandra estudió Psicología en la Universidad Católica, hizo un máster en consultoría, dio conferencias, trabajó con adolescentes y convirtió su experiencia en una plataforma de activismo. También incorporó la tecnología como herramienta de autonomía. "Hoy le hablo a Alexa y abro las cortinas, pongo música, subo el respaldo de la cama, abro la puerta. Es una sensación sumamente gratificante", cuenta.

En 2009 creó la fundación que lleva su nombre, dedicada a promover los derechos de las personas con discapacidad y prevenir accidentes de tránsito.

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