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Barrabravas irrumpen en San Lorenzo y Racing: amenazas e impunidad en el fútbol argentino

En menos de siete días, grupos de barras presionaron a jugadores y dirigentes en dos clubes tradicionales, sin sanciones ni denuncias.

Redacción2 min de lectura
Cobardes aprietes a futbolistas

En menos de siete días, grupos de barrabravas irrumpieron en las instalaciones de San Lorenzo y Racing, dos de los clubes más tradicionales del fútbol argentino, con un patrón de intimidación que se repite con total impunidad. Los episodios dejaron en evidencia la fragilidad de las instituciones frente a estos grupos de presión.

En San Lorenzo, tras la derrota ante Huracán, unos 50 integrantes de la barra ingresaron sin obstáculos al club e interrumpieron el entrenamiento. Rodearon a los jugadores, los dividieron en grupos y confrontaron al capitán, Nicolás Tripichio, a quien le exigieron una lista de futbolistas que no deberían continuar. La amenaza fue explícita: “Esta vez vinimos a conversar, la próxima no venimos a charlar”.

La reacción institucional fue aún más preocupante. El director técnico de San Lorenzo, Néstor Gorosito, minimizó el hecho al afirmar que “hablaron muy bien con nosotros”, como si ingresar a un campo de entrenamiento para condicionar decisiones fuera algo normal. No hubo denuncias penales ni sanciones del club, y la intimidación se disfrazó de “reclamo legítimo”.

En Racing, horas antes de perder ante Banfield, miembros de la barra también se hicieron presentes en el predio para presionar al plantel y al cuerpo técnico dirigido por Juan Pablo Vojvoda. El club, presidido por Diego Milito, no emitió ningún comunicado de repudio ni informó sobre medidas adoptadas.

El mecanismo fue idéntico en ambos casos: malos resultados, ingreso sin autorización, intimidación directa, exigencias de cambios y una amenaza velada o explícita. El eufemismo de moda es que “vinieron en buenos términos”, pero los mafiosos no dialogan, amenazan.

Estos grupos no son simpatizantes apasionados, sino organizaciones que ejercen un poder paralelo y se financian con negocios ilícitos como la reventa ilegal de entradas. El caso de Patronato de Paraná, donde jugadores fueron golpeados y amenazados con armas tras una derrota, demuestra que la violencia ya no se limita a los grandes clubes: es un fenómeno extendido que hoy llega hasta los vestuarios.

Los futbolistas quedan expuestos y solos, porque muchos dirigentes prefieren contemporizar antes que enfrentar a quienes pueden convertir una derrota deportiva en una crisis institucional. Si se permite que quienes controlan las tribunas decidan también las alineaciones, los clubes serán extorsionados y los jugadores rehenes, transformando la fiesta del fútbol en un territorio de violencia.

La solución exige que las autoridades dejen de mirar para otro lado, que la AFA aplique sanciones ejemplares a las instituciones que no protejan a su gente, y que la Justicia investigue estas irrupciones como lo que son: intimidación y asociación ilícita. Es hora de dejar de llamar “aguante” a lo que es delincuencia.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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