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Brasil vota en una elección al límite entre Lula y Flavio Bolsonaro

El gigante sudamericano define si la izquierda retiene el poder o completa el giro regional de derecha, con Estados Unidos mirando de cerca y balotaje casi asegurado

Redacción••4 min de lectura
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Brasil va a las urnas en una elección al límite, bajo la sombra de Trump y con la región en juego

Brasil llega este domingo a las urnas en una elección que define el rumbo de América del Sur. El presidente Luiz Inacio Lula da Silva, de 80 años, busca un cuarto mandato frente al senador Flavio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente preso por tramar un golpe de Estado. La disputa llega marcada por la influencia de Estados Unidos, una división interna profunda y un balotaje que se perfila en empate técnico.

El último sondeo de Datafolha, difundido este sábado, le da a Lula 42% de intención de voto contra 38% de Flavio (45% a 42% en votos válidos), insuficiente para evitar la segunda vuelta del 25 de octubre. En ese escenario aparecen empatados: 47% a 46%. Ambos cargan con el mismo rechazo: 45% dice que no los votaría de ninguna manera.

La sombra de Donald Trump atravesó toda la campaña. El viernes, Estados Unidos cerró su embajada en Brasilia y sus consulados por una supuesta amenaza de bomba que la Policía Federal investigó sin confirmar el riesgo. La campaña de Lula pidió a la justicia electoral que el episodio se investigue como posible interferencia externa y atribuyó la orden al secretario de Estado, Marco Rubio. Trump había definido la elección como “muy importante” para su país y avisó que la seguirá de cerca.

No fue la primera alarma. El jueves, la Abogacía General de la Unión pidió investigar si el Departamento de Estado destinó un millón de dólares a organizaciones que actúan en Brasil contra el Supremo Tribunal Federal. En el Palacio del Planalto sospechan que la campaña de Flavio recibió financiamiento de una red de donantes cofundada por el vicepresidente estadounidense J.D. Vance. El senador lo niega.

Lo que está en juego excede a Brasil. El país concentra cerca de la mitad del PBI y de la población de América del Sur y es, junto con México, el último gran contrapeso a una ola que en dos años llevó al poder a José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú, además de reelegir a Daniel Noboa en Ecuador y fortalecer a Javier Milei en las legislativas argentinas.

La Casa Blanca impuso aranceles a productos brasileños y sanciones a funcionarios por lo que consideró una persecución contra Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de cárcel por la trama golpista posterior a su derrota de 2022 y preso desde el año pasado. Inhabilitado, el expresidente ungió en diciembre a su hijo, a quien Trump recibió en mayo en la Casa Blanca. Flavio describió a Brasil ante la conferencia conservadora CPAC como “el campo de batalla donde se disputará el futuro del hemisferio”. Lula respondió con la bandera de la soberanía: “Brasil no cabe en el patio de nadie”, dijo días atrás ante la ONU.

El PT admite que ésta es la elección “más difícil de su historia”. Nunca desde su primera victoria, en 2002, Lula llegó tan justo al día de la votación. Hace cuatro años, a esta altura, le llevaba 14 puntos a Bolsonaro padre y terminó ganando la segunda vuelta por apenas dos millones de votos. Lula, que gobernó entre 2003 y 2010 y volvió al poder en 2023, disputa su séptima elección presidencial. Flavio, de 45 años y senador por Río de Janeiro, la primera.

Los programas reflejan dos modelos. Lula promete reducir la jornada laboral a 40 horas semanales sin baja de salario, sostener el aumento real del salario mínimo y los programas sociales, crear un Ministerio de Seguridad Pública y llegar a la deforestación cero en 2030. Flavio, inspirado en Milei, ofrece un “tijeretazo” al Estado, con recorte de ministerios y baja de impuestos. Propone mano dura contra el crimen, con las facciones declaradas narcoterroristas y cinco cárceles de máxima seguridad al estilo de El Salvador. Además, plantea límites al poder del STF y sus aliados prometen impulsar juicios políticos a magistrados.

El protagonista inesperado del ciclo fue el Poder Judicial, que intervino en la campaña como nunca desde el regreso de la democracia. Todo empezó con la caída del Banco Master, del banquero preso Daniel Vorcaro. El escándalo salpicó a Flavio, que le había pedido unos US$ 26 millones (134 millones de reales) para una película sobre su padre, y a Alexandre de Moraes, el juez del STF que condenó a Jair Bolsonaro: el estudio de abogados de su esposa había firmado con el banco un contrato por unos US$ 25 millones (131 millones de reales).

Un pedido de investigación contra Moraes partió al tribunal en dos bandos y la pelea se trasladó a la campaña con fallos contradictorios. El jueves, una jueza electoral prohibió mostrar el atril vacío de Lula en el debate de TV Globo, al que había decidido no ir. Flavio se bajó denunciando censura y la emisora canceló el programa. Los dos favoritos no se cruzaron ni una vez.

Nada de eso entusiasmó a la calle. El 47% de los brasileños cree que la sociedad está menos interesada en esta elección que en 2022, según Datafolha. Analistas describen la campaña como la menos movilizada desde el regreso de la democracia y, más que de apatía, hablan de “resaca”: un votante que se involucró mucho en 2018 y 2022 y ahora está cansado.

Por qué importa

Brasil concentra cerca de la mitad del PBI y la población de América del Sur. Si gana Flavio Bolsonaro, se completa el giro regional de derecha que ya alcanzó a Chile, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador, y la Argentina de Milei queda alineada con ese bloque.

Qué sigue

El balotaje del 25 de octubre aparece como el escenario más probable, con empate técnico entre ambos. En las próximas semanas se definirá si avanzan las investigaciones por presunta interferencia estadounidense y cómo impacta el fallo pendiente del STF.

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