Canadá y la UE: un giro estratégico sin precedentes en medio de la crisis con Washington
El primer ministro Mark Carney hablará ante el Parlamento Europeo en septiembre, en una señal de acercamiento histórico, aunque la adhesión formal no está en discusión.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, asistirá el 16 de septiembre al discurso sobre el estado de la Unión de Ursula von der Leyen en Estrasburgo y al día siguiente intervendrá ante el Parlamento Europeo. La visita, en plena ruptura comercial con Estados Unidos, fue interpretada como un paso hacia una posible adhesión de Canadá a la Unión Europea. Sin embargo, se trata de un giro estratégico sin precedentes en 80 años de relaciones bilaterales, pero no de una candidatura formal.
El acercamiento se aceleró tras el fracaso de las negociaciones comerciales entre Ottawa y Washington, que derivó en la imposición de aranceles del 50% sobre 20.000 millones de dólares en productos canadienses. En respuesta, Carney anunció represalias recíprocas a partir del 8 de septiembre, con aranceles del 15, 25 y 50% según el sector, afectando al acero, los lácteos, los electrodomésticos y la electrónica.
En una rueda de prensa, el primer ministro canadiense aseguró que su país está “en guerra” porque fue atacado. La crisis con Washington llevó a Carney a priorizar el vínculo con Europa, que ya había sido calificado por la presidenta de la Comisión Europea como el país “verdaderamente más europeo de los países no europeos”.
La visita a Estrasburgo fue confirmada el 26 de agosto por el gabinete de Carney. Además de los discursos, se prevé una cumbre entre Canadá y la UE en octubre en territorio canadiense. Un informe aprobado por el Parlamento Europeo instó a los 27 países del bloque a profundizar los lazos con Ottawa, describiendo a Canadá como el país “quizás más europeo fuera de Europa”.
Sin embargo, desde Bruselas se aclaró que la adhesión no está sobre la mesa. El programa de la visita se centra en iniciar conversaciones profundas para construir una asociación económica y de seguridad más estrecha. El gesto es un reconocimiento de alto nivel, pero no un proceso de ampliación formal.
Canadá y la UE mantienen una relación de larga data, que comenzó en 1976 con el Acuerdo Marco de Cooperación Comercial y Económica. El CETA, en aplicación desde 2017, eliminó la mayoría de las barreras arancelarias, y en 2021 Canadá se sumó a la PESCO, el proyecto de movilidad militar europeo. En febrero de 2026, Ottawa firmó un acuerdo para acceder al instrumento SAFE, un mecanismo de préstamos de 150.000 millones de euros para compras conjuntas de defensa.
La idea de una adhesión canadiense comenzó como una broma en una conferencia en Berlín en marzo, cuando el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, mencionó que “quizás Canadá acabe adhiriéndose”. Su homólogo alemán, Johann Wadephul, se mostró “abierto a la posibilidad”. La anécdota cobró relevancia cuando Trump decidió enemistarse con sus socios más fieles.
El viaje de Carney a Estrasburgo es un hito diplomático que refleja un cambio en la política exterior canadiense. Aunque no implica una adhesión inminente, consolida una alianza estratégica que podría redefinir el equilibrio geopolítico en Occidente.
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