Salud Mental

Carta de un lector: la odisea burocrática detrás de la salud mental

Héctor Brikman relata en una carta cómo los trámites de obras sociales y el desgaste familiar complican el acceso a la atención cuando alguien atraviesa una crisis.

Redacción••2 min de lectura
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Lectores. Salud mental: “Pedir ayuda cuando uno está en crisis”

Un lector de Clarín, Héctor Brikman, publicó una carta en la que describe el calvario burocrático que enfrentan las familias cuando uno de sus integrantes atraviesa una crisis de salud mental. El relato apunta a la distancia entre el discurso público que insta a pedir ayuda y la maraña de trámites que aparece cuando esa ayuda se reclama.

“Una enfermedad mental no afecta solamente a quien tiene el diagnóstico, atraviesa una casa entera”, afirma Brikman. El texto enumera los pasos que debe dar quien acompaña a un paciente: conseguir un turno, encontrar psicólogo y psiquiatra, comprar la medicación, averiguar qué cubre la obra social, pedir autorizaciones y presentar certificados.

El autor sostiene que ese recorrido, que puede resultar una simple molestia para alguien sano, se convierte en una carga adicional cuando en la casa hay una persona con depresión o crisis de angustia. “La persona que está enferma muchas veces no tiene fuerzas ni siquiera para levantarse de la cama. Y alguien de la familia tiene que hacerlo”, escribe. Y agrega: “Ese alguien también se cansa, tiene miedo, duerme mal y se angustia”.

Brikman cuestiona el funcionamiento de las obras sociales. Señala que los descuentos llegan todos los meses sin necesidad de autorización, pero que cuando el afiliado necesita atención, medicamentos o internación, comienza el problema. “¿Cómo puede ser que se hable tanto de prevención y que, al mismo tiempo, acceder a la atención siga siendo tan complicado?”, se pregunta.

El texto también aborda el ámbito laboral. Enfermarse puede convertirse en una situación de exposición y vergüenza, según el lector, porque hay que pedir licencia, presentar certificados y explicar qué sucede. “Cuando la enfermedad está en la cabeza, hay que explicar demasiado”, remarca.

El autor aclara que no ataca a los médicos, sino a un sistema que funciona cuando todo está ordenado pero se vuelve difícil de atravesar en medio de una crisis. “Hay que dejar de hablar de salud mental como una frase linda y empezar a hablar de ella como lo que es: salud”, sostiene. Y cierra: “Ninguna autorización puede valer más que una vida”.

En el comentario del editor, César Dossi retoma el reclamo y pone el foco en el padecimiento de quienes acompañan. “Detrás de cada persona con depresión, ansiedad o cualquier otro trastorno de salud mental suele haber una madre, un padre, una pareja, un hijo o un hermano sosteniendo una carga emocional enorme”, escribe. Y concluye que ese desgaste rara vez aparece en las estadísticas, pero forma parte de la enfermedad.

Por qué importa

El testimonio expone la brecha entre el discurso que promueve pedir ayuda y la realidad de un sistema que multiplica obstáculos. Afecta a pacientes y a sus familias, que cargan con la gestión administrativa en medio de la crisis.

Qué sigue

El debate sobre la accesibilidad en salud mental sigue abierto. La carta instala la urgencia de revisar los mecanismos de cobertura y los tiempos de respuesta de obras sociales y prepagas.

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