Cerezas con sello propio: Los Antiguos hará su primera exportación con denominación de origen
Productores de Santa Cruz exportarán más de 600 toneladas bajo la DO 'Cereza del Valle de Los Antiguos-Patagonia', un hito para la fruta argentina.

Los productores de cerezas de Los Antiguos, en Santa Cruz, se encaminan a un hito histórico: en la próxima zafra exportarán más de 600 toneladas de fruta bajo el sello de denominación de origen (DO) “Cereza del Valle de Los Antiguos-Patagonia”. Será la primera fruta del país en exportar con esa distinción, que reconoce la calidad premium de un producto cosechado en el extremo sur del mundo.
El año pasado, la Secretaría de Agricultura del Ministerio de Economía publicó la resolución que reconoció oficialmente la DO, tras un trabajo conjunto de la Cooperativa El Oasis y la firma Río Alara, que conformaron la Asociación Civil Consejo de la Denominación de Origen. Pero aún faltaban pasos para llegar a la exportación.
“Con los fondos que gestionamos a través de la provincia en el CFI (Consejo Federal de Inversiones) hicimos el manual de gestión de las cerezas de Denominación de Origen”, explicó a LA NACION el ingeniero Federico Guerendiain, secretario de la asociación. Ese manual determina cómo manejar la fruta desde la cosecha hasta la comercialización, para mantener la trazabilidad y evitar que se mezcle con fruta que no corresponde.
La fruta debe cumplir cuatro parámetros básicos: dulzura, firmeza, color y acidez. Si no cumple esas condiciones, no entra en el manual. “Así se asegura la trazabilidad: garantizarle al cliente que la caja que tiene el sello de la Denominación es lo que corresponde, y no otra cosa. Es para cuidar la marca”, especificó Guerendiain.
Con el financiamiento también se compraron dos equipos de la marca Firm Pro, con software estadounidense, que miden firmeza, color y calibre de manera objetiva. “Es un dato objetivo, porque lo mide una máquina, y es lo último que hay en tecnología para este tipo de control”, señaló.
En la cosecha de esta zafra, los productores empacarán la fruta e identificarán las cajas con un sello, un logo, un código QR, un código de barras y etiquetas numeradas. “El mercado al que más le interesan las denominaciones de origen es España, porque tienen la ley y una fuerte tradición de productos agrícolas con DO. Entonces este año vamos a probar en España, y también vamos a mandar a Medio Oriente. A Estados Unidos también mandamos, pero ahí no es un mercado que valore especialmente la denominación de origen”, detalló el ingeniero agrónomo.
Para obtener la DO, el productor debe asociarse a la asociación civil creada a tal fin. “No alcanza con que la fruta sea de Los Antiguos: tiene que cumplir determinada firmeza, determinada dulzura, determinado color y determinada acidez. Aquella fruta cosechada muy verde, o aquella que esté blanda por mal manejo, tampoco entra”, especificó.
Quienes participaron de los estudios y degustaciones coincidieron en que la característica distintiva de la cereza de Los Antiguos es que es crocante y dulce. Esa es la diferencia con las demás cerezas del país, y es lo que los productores quieren mantener.
En el proceso de la DO participaron diez familias productoras, dos plantas de empaque y diez técnicos de distintas entidades, además del Consejo Regulador de la DO, el Consejo Asesor, la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (Capci), el INTA, el Ministerio de la Producción, Comercio e Industria de Santa Cruz y el Consejo Agrario Provincial. Se aplicaron listas de chequeo en los establecimientos y se realizaron capacitaciones, además de una prueba piloto que simuló todo el proceso, desde la chacra hasta los trámites de exportación.
La historia de estos productores de cereza tardía –la zafra recién es en enero– es imposible de separar del estallido del volcán Hudson en agosto de 1991. Muchos de quienes hoy podrán exportar con DO estaban en la localidad la mañana del 13 de agosto de aquel año, cuando el pueblo no tuvo amanecer. Una tormenta de cenizas lo tapó todo y durante varios días reinó la noche. Familias enteras se fueron; otras resistieron.
En 1991 los restos volcánicos del Hudson alcanzaron los 18.000 metros de altura y, por efecto del viento, sepultaron 10 millones de hectáreas patagónicas; cerca de 600.000 ovejas de la región murieron por la falta de pasturas y agua, y un tendal de chacras y estancias quedaron arruinadas. Nada volvió a florecer durante años y pocos apostaban a la recuperación del lugar.
Sin embargo, el clima frío, los suelos arenosos, la abundancia de agua y el trabajo sin parar de quienes se quedaron o se animaron a apostar por el valle al pie del Lago Buenos Aires le dieron al lugar un microclima para sembrar cerezas tardías, cultivo que empezó a experimentarse a principios de los años 80. Pero después del Hudson parecía imposible que volviera a florecer. Con cenizas y todo, hubo quienes se animaron a migrar a Los Antiguos. Y ahora, a más de tres décadas de esos meses catastróficos, exportan fruta fina, lograron el sello de DO, explotan el turismo rural y se han convertido en un valle fértil en medio de la estepa patagónica.
Fuente: Lanacion
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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