Ceuta: una playa se transforma en campamento improvisado para inmigrantes marroquíes

La playa del Trampolín, en España, se ha convertido en un asentamiento precario con servicios básicos y atención humanitaria tras la crisis migratoria.

Redacción2 min de lectura
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La playa del Trampolín en Ceuta, España, se ha transformado en un asentamiento improvisado donde cerca de mil quinientos inmigrantes marroquíes han levantado refugios precarios. Esta situación es una consecuencia directa de la crisis humanitaria que afectó a la ciudad, dejando a muchas personas sin acceso a los centros de acogida oficiales.

Desde hace aproximadamente una semana, el espacio, que antes era una playa pública, se ha convertido en un lugar de estancia para estas personas, predominantemente de origen subsahariano, quienes buscan mejorar sus condiciones de vida de manera rudimentaria y temporal.

La imposibilidad de acceder a un CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) sobresaturado es la razón principal por la que este grupo de personas ha permanecido en la playa durante los últimos días. La evolución de este lugar es evidente tanto en la proliferación de estructuras como en la instalación de servicios básicos.

En la explanada cercana, que antes funcionaba como aparcamiento, se han instalado diez baños y treinta duchas portátiles, junto con grifos para el suministro de agua. También se realizaron trabajos relacionados con la electricidad y el alumbrado, buscando ofrecer mínimas condiciones de habitabilidad.

Además, la zona cuenta con una carpa para proporcionar sombra, mientras que la Cruz Roja realiza un reparto diario de alimentos y brinda atención sanitaria. Estas acciones se llevan a cabo con el apoyo de la policía local, que supervisa el área.

La imagen actual del Trampolín muestra una creciente concentración de personas y estructuras levantadas directamente sobre la arena, muchas de ellas extremadamente rudimentarias. Gran parte de estos refugios están construidos con materiales vegetales disponibles en el entorno, como varas, cañas, juncos y hierbas cortadas.

Uno de los refugios observados presenta una estructura de varas dispuestas vertical y horizontalmente, sobre la que se han colocado abundantes juncos o cañas para formar una techumbre irregular. Parte de las paredes se cierran con una especie de lona o malla oscura, creando un pequeño cobertizo artesanal.

Bajo estas cubiertas se pueden ver personas sentadas o agachadas, junto con objetos de su vida cotidiana como recipientes, bolsas, telas y cajas. Aunque el conjunto refleja la precariedad, también evidencia el intento de dotar de cierta estabilidad a un espacio inicialmente temporal.

La concentración no se limita a una única construcción; la playa está muy concurrida, con decenas de personas y una gran cantidad de estructuras improvisadas distribuidas por toda su extensión. Se distinguen pequeñas tiendas, cobertizos y toldos, construidos con combinaciones de lonas, plásticos y postes.

Algunas instalaciones muestran una elaboración mayor, con elementos que sugieren una permanencia continuada, como ropa tendida, pequeños muebles y diferentes pertenencias. También se observan estructuras que podrían funcionar como puestos de reunión, así como carros similares a los de vendedores ambulantes.

A medida que se avanza hacia el fondo del arenal, la ocupación se mantiene extensa y densa, lo que indica que la playa está siendo utilizada simultáneamente para diversas funciones. Este patrón sugiere una progresiva consolidación del espacio como lugar de residencia.

El Trampolín combina ahora usos de aseo y baño con su función de lugar de estancia, reunión y asentamiento temporal. La proliferación de refugios improvisados, construidos con materiales reutilizados, ofrece una imagen de precariedad, pero también de la resiliencia de quienes buscan un lugar donde permanecer.

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