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Compró 60 hectáreas de selva en Misiones y recicló una curtiembre abandonada: hoy es un hotel de domos

Guillermo Lirussi y Anabel Serdiuk abrieron Momora Distrito Selva en Santa Ana, con cuatro domos, restaurante y 500 metros de costa sobre el arroyo

Redacción••2 min de lectura
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Compró 60 hectáreas de selva, recicló una curtiembre abandonada y montó un hotel

Un contador porteño y una maestra de reiki obereña compraron 60 hectáreas de selva paranaense en Santa Ana, Misiones, y convirtieron una curtiembre abandonada desde la década del 90 en el corazón de un complejo de domos y restaurante. Se llama Momora Distrito Selva y abrió sus puertas en diciembre de 2022, seis meses después de poner en marcha la cocina.

El proyecto está a 50 kilómetros de Oberá y a 40 de Posadas. Guillermo Lirussi, de Zona Oeste y radicado entre Capital Federal y Oberá, y Anabel Serdiuk, sommelier y dermocosmiatra, compraron primero diez hectáreas de costa en 2011 y después sumaron el terreno donde estaba la vieja fábrica.

“Cuando entré y vi los 60 metros de cabriada de madera de urunday dije ‘guaaaauuuu’”, contó Lirussi sobre el galpón que hoy funciona como recepción, living, pileta interior y comedor. La reconstrucción demandó cinco años. “Fue una especie de primer hijo”, agregó el dueño, que aclaró que el emprendimiento se concretó con esfuerzo familiar y sin ninguna corporación detrás.

El salón conserva las vigas de urunday, madera conocida como pau ferro en portugués por su dureza y resistencia a la intemperie. También quedaron los fulones de lapacho que mezclaban pieles con sales y agua, hoy usados como piezas de decoración. Los ventanales amplios conectan el espacio con la selva.

Sobre el predio hay un sendero de 600 metros hasta el arroyo Santa Ana y 500 metros de costa. El complejo tiene cuatro domos: tres para hasta tres personas y uno para dos. Cada uno suma 55 metros cubiertos y 75 de deck, con pileta privada y acceso individual.

La propuesta gastronómica incluye buñuelos de espinaca, pacú, bife de chorizo y mandioca frita, con una carta acotada de impronta misionera. El restaurante abre todos los días de 12 a 15 y de 20 a medianoche, y recomiendan reservar. “Me enamoró la conjunción entre lo que quedaba de la fábrica y este último rincón de selva paranaense”, resumió Lirussi.

Lirussi trabajó treinta años en una consultora multinacional que lo llevó como expatriado a Estados Unidos y San Pablo. En 2006 conoció a Serdiuk, su pareja hasta hace cuatro años y hoy su socia en el emprendimiento. El nombre Momora significa “admiración y respeto”.

El complejo se ubica en una zona de selva con acceso al arroyo y combina alojamiento, gastronomía y naturaleza. Para consultas, los responsables difundieron el teléfono (3764) 87-3534 y la cuenta de Instagram @momoradistritoselva.

Por qué importa

El caso muestra cómo una inversión privada familiar puede reactivar un edificio industrial en desuso y sumar una propuesta turística en la selva paranaense, una zona con creciente demanda de alojamiento de naturaleza.

Qué sigue

El desafío será sostener la ocupación fuera de temporada y consolidar el restaurante como destino gastronómico regional, en un predio que todavía tiene superficie sin desarrollar.

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