Crianza: cómo responder ante un arrebato infantil sin caer en el enojo
La psicóloga Maritchu Seitún explica la importancia de buscar la 'buena razón' detrás de cada conducta para evitar reacciones impulsivas.


Cuando un hijo empuja, pega un portazo o insulta, la reacción automática de muchos padres es el enojo. Sin embargo, antes de responder con la misma impulsividad, los adultos pueden aprender a modular su respuesta y convertirse en un modelo de conducta para los niños. La clave está en buscar la 'buena razón' que motiva ese comportamiento, aunque no sea evidente a simple vista.
Según la psicóloga Maritchu Seitún, especialista en crianza, detrás de cada arrebato infantil hay una historia, un motivo o un sentido que vale la pena comprender. "Las acciones no vienen de la nada", sostiene. "Cuando simplemente nos enojamos o retamos, probablemente avivemos el fuego de esa buena razón". En cambio, si los padres logran tomarse unos instantes para entenderla, los niños luego podrán escucharlos.
Eso no significa que todo esté permitido. Seitún aclara que "no todo vale" y que en ocasiones es necesario retar o imponer consecuencias. Pero evaluar las palabras o conductas buscando primero esa razón permite salir de una respuesta reactiva e impulsiva, que suele ser tan inadecuada como la del hijo. "Al entender, podríamos salir del enojo, del grito, de la crítica, incluso de la ofensa o de la desilusión", agrega.
La especialista explica que, cuando no se busca esa buena razón, el cerebro primitivo se activa y apaga la corteza que piensa. Esto lleva a reacciones de ataque, defensa o parálisis. "Al acordarnos de respirar hondo y tratar de comprender, podemos abrirnos a dar nuevas respuestas que lleguen a ellos aplacando su cerebro primitivo", señala.
Seitún ofrece ejemplos concretos: Juan, de 4 años, empuja a su hermanito porque este rompió su castillo; Inés, de 9, tira la carpeta de matemática al piso por frustración; Mariano, de 14, le grita al padre por no haber sido convocado para un partido. En todos los casos, la reacción tiene un disparador comprensible que, al ser identificado, permite al adulto acompañar desde la empatía sin dejar de poner límites.
"Nuestra tarea es educar a nuestros hijos para que puedan responder desde su cerebro integrado, no desde el primitivo", concluye Seitún. "Probablemente no hayamos aprendido esto de chicos, pero hoy podemos hacer algo diferente".
Fuente: Lanacion.
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