Historias Personales

De la machosfera a la redención: cómo un joven escapó de la misoginia digital

Will Adolphy se sumergió en comunidades online donde prevalecía la idea de que las mujeres debían servir a los hombres. Hoy ayuda a otros adolescentes a evitar ese camino.

Redacción3 min de lectura
De la machosfera a la redención: cómo un joven escapó de la misoginia digital
banner-tecnofields-nota-mobile

Will Adolphy pasó años atrapado en la llamada "machosfera", un ecosistema digital donde hombres jóvenes comparten la creencia de que las mujeres deberían estar al servicio de los varones. Hoy trabaja para ayudar a adolescentes y hombres jóvenes a reconocer y escapar de esa ideología que lo envolvió durante gran parte de su juventud.

Su historia, compartida en el programa Ready to Talk with Emma Barnett de la BBC, revela cómo la búsqueda adolescente de aceptación, combinada con problemas familiares y soledad, lo llevaron a consumir contenido que reforzaba ideas misóginas. Lo que comenzó como una búsqueda de confianza se transformó en resentimiento hacia las mujeres y rechazo de movimientos por la igualdad.

En la escuela, Will experimentó lo que él llama "el estuche del hombre": un conjunto de reglas no escritas sobre cómo debería verse, sentir y actuar un varón. "No seas gay", "no seas una gallinita", "sé fuerte", "sé estoico" eran los mensajes que internalizó desde temprana edad, provenientes de maestros, padres, películas, publicidad y música. "Esos mensajes te llegan a nivel inconsciente", reflexiona hoy.

Will era un chico sensible que quería hacer ballet y actuar, pero la presión de la aceptación de sus compañeros definió su adolescencia. "Ser uno del grupo era lo más importante en mi vida", admite. Para un adolescente, no ser aceptado es algo que percibe como devastador, casi existencial.

La situación se agravó cuando sus padres se separaron a los 17 años. El hogar se convirtió en un espacio volátil, lleno de conflictos. Will se refugió en los videojuegos, mudándose a una oficina en el jardín de su padre con su cama y su consola. "El Xbox era el único lugar y tiempo en mi vida donde encontraba algo de consuelo" de lo que sucedía en la escuela y en casa, recuerda. Nunca habló con nadie sobre lo que le pasaba; simplemente no tenía el vocabulario para entenderlo.

Fue durante esta época de aislamiento cuando comenzó a consumir contenido de supuestos "donjuanes" que prometían enseñar a hombres jóvenes cómo tener confianza con las mujeres. Esa fue la puerta de entrada a la machosfera. Después de la universidad, se sumergió cada vez más en ese ecosistema de influencers, ideologías y plataformas online. "Todavía sentía la presión de ser un hombre verdadero y tener éxito, y estaba fracasando", explica Will.

El movimiento #MeToo agravó su situación. Como hombre blanco y heterosexual, le decían que era privilegiado, que las cosas se le habían dado fáciles. Pero él se sentía miserable, padecía ataques de pánico y depresión. "Realmente no quería estar aquí", admite. Los influencers de la machosfera ofrecían respuestas simples: "El mensaje muy claro era que el feminismo es veneno, que es malo para los hombres y que el mundo está amañado contra ellos".

Uno de esos influencers se convirtió en una figura paternal para Will. "Fue tan tranquilizante tener a alguien que tenía todas las respuestas", recuerda. Tenía una pintura de ese hombre en su pared y lo citaba en cada conversación. La exposición constante a este contenido generó en él una desconfianza profunda hacia las mujeres. Llegó a pensar que podía ser atacado por una feminista cada vez que salía de casa.

Esto afectó profundamente sus relaciones interpersonales, en particular la conexión con su pareja. Se sentía incapaz de empatizar con la experiencia de las mujeres. A medida que consumía más contenido misógino, la brecha se ampliaba. Sin embargo, eventualmente reconoció el daño que esto le causaba a sí mismo y a quienes lo rodeaban, y comenzó su camino hacia la salida de esa ideología.

Ahora, Will se dedica a ayudar a otros adolescentes y hombres jóvenes a evitar ese camino de aislamiento y resentimiento. Su testimonio busca visibilizar cómo plataformas digitales y comunidades online pueden atrapar a jóvenes vulnerables con promesas de claridad y pertenencia, pero a costa de alimentar odio hacia las mujeres y la igualdad.

Más en Historias Personales