De paciente con cáncer a médica: la historia de Ellie Waters-Barnes
A los 14 años le diagnosticaron un tumor agresivo y le dieron 20% de probabilidades de sobrevivir; hoy se recibió y trabajará en un hospital.


A los 14 años, Ellie Waters-Barnes recibió un diagnóstico que cambió su vida: los médicos le detectaron un rabdomiosarcoma alveolar en estadio cuatro, un cáncer agresivo de tejidos blandos. Las probabilidades de supervivencia eran de una entre cinco. Una década después, la joven superó la enfermedad y se graduó como médica en la Universidad de Keele, en el Reino Unido.
El diagnóstico llegó en septiembre de 2015 y dio inicio a un tratamiento intensivo en el Queen's Medical Centre de Nottingham. “Pasé de ser una adolescente muy sana y en forma a someterme a un tratamiento muy intensivo que me dejó muy enferma”, recordó en una entrevista con la BBC.
Durante un año y medio recibió quimioterapia, radioterapia y un tratamiento de mantenimiento. “Perdí mucho peso, se me cayó el pelo y tuve que alimentarme por sonda”, relató. También detalló el proceso: “Los primeros nueve meses fueron de quimioterapia intensiva. Después, recibí 28 sesiones de radioterapia y un año de quimioterapia de mantenimiento”. Hoy, ya recuperada, mira ese período con otra perspectiva: “Ahora estoy completamente curada, gracias a Dios, pero en aquel momento el cáncer era muy agresivo. Me siento muy afortunada de estar aquí hoy”.
El tratamiento dejó secuelas permanentes, entre ellas una menopausia precoz, que llegó cuando tenía apenas 15 años. En ese momento no comprendía del todo lo que implicaba. “A los 15 años no sabía realmente qué era. Mi madre ni siquiera había pasado por la menopausia. Pensé que iba a ser pan comido”, contó. Con el tiempo aparecieron síntomas como sudores nocturnos, sofocos, picazón en la piel y sequedad, aunque entonces no los relacionó con esa condición.
Mientras enfrentaba la enfermedad, también intentaba mantener sus estudios. Las horas dedicadas a la escuela se transformaron en una forma de escapar de la realidad que estaba viviendo. “No podía controlar lo que estaba pasando con el cáncer, pero sí podía esforzarme”, explicó. Incluso aseguró que resolver ejercicios de química y matemáticas la ayudaba a desconectarse de sus preocupaciones. “Por eso acabé sacando muy buenas notas, porque no tenía energía para salir con mis amigos y hacer las cosas que hacen los jóvenes normales: mi vía de escape era estudiar”.
Aunque pasó años dentro de hospitales, asegura que la decisión de estudiar Medicina no nació durante el tratamiento. Fue después de recibir el alta cuando empezó a interesarse cada vez más por esa disciplina. “Empecé a investigar las cosas por las que había pasado. Creo que también desarrollé una pasión por ayudar a la gente”, señaló.
Tras graduarse, comenzará a trabajar en el Royal Stoke University Hospital. Allí espera poner en práctica todo lo aprendido, tanto en la universidad como durante su propia experiencia como paciente. “Sin duda, puedes comprender mejor cuáles son las prioridades del paciente, qué quiere y qué es lo que le importa. Es, sin duda, una fortaleza más que una debilidad”, concluyó.
Fuente: Lanacion.
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