De un kiosco en Ramona a ordeñar 700 vacas en Australia: la historia de Julia Porporato
La santafesina de 31 años nunca había trabajado en el campo y hoy vive en el estado de Victoria, donde gana 33 dólares australianos por hora en un tambo.

A las cuatro de la mañana, cuando Ramona, Santa Fe, todavía duerme, Julia Porporato ya está de pie para arrancar el primer ordeñe del día en un tambo del estado de Victoria, Australia. La santafesina de 31 años, que nunca había trabajado en el campo, dejó el país junto a su novio, pasó por Italia y hoy se desempeña en un establecimiento lechero con unas 700 vacas.
Por su tarea cobra 33 dólares australianos por hora por una carga de 44 horas semanales, con jornadas que suelen extenderse entre ocho y nueve horas y pausas obligatorias dentro de la rutina del campo.
“Me hubiera encantado crecer en el campo en la Argentina”, resume sobre su experiencia. Hace apenas unos años, una escena semejante le habría resultado ajena. “Yo no sabía distinguir un pollo de una gallina”, dice entre risas.
Aunque se crio en un entorno productivo y su casa estaba a poco más de una cuadra de la zona rural, nunca había tenido relación con el campo. “Jamás en la vida. No tenía idea y jamás me imaginé trabajar de esto y que me guste tanto”, cuenta.
Estudió Letras en Santa Fe, carrera que terminó pero nunca ejerció. Después empezó Informática y, cuando la pandemia la obligó a volver a Ramona, hizo cursos de desarrollo web. También daba clases, tenía un pequeño emprendimiento de costura y, sobre todo, trabajaba en el kiosco y el almacén familiar que sus padres abrieron en 2017. Allí las jornadas podían llegar a las 12 horas: atendía clientes, preparaba comidas, manejaba las redes del negocio y compartía turnos con sus padres y sus hermanos.
El recuerdo que guarda de la vida de un trabajador rural era lo que veía detrás del mostrador. “Recuerdo cuando iban muchos tamberos o gente que trabajaba en el campo al kiosco totalmente sucios y cansados y ahora yo paso exactamente por lo mismo: soy ellos”, relata.
La historia cambió en marzo de 2024, cuando tenía 28 años. Junto a su novio, Javier Pedrotti, de 26 años y oriundo de Pueblo Vila, dejó la Argentina y viajó a Italia. El objetivo era conseguir el pasaporte italiano para ampliar sus posibilidades de ingresar a Australia. El viaje que debía durar unos seis meses se extendió casi dos años por Europa. Trabajaron, ahorraron y en noviembre de 2025 viajaron al país oceánico.
La elección del pasaporte tenía una razón concreta: para la visa Working Holiday australiana quienes aplican con pasaporte italiano pueden hacerlo hasta los 35 años, mientras que la visa Work and Holiday para ciudadanos argentinos fija un límite de 30 años al momento de aplicar.
Primero vivieron en Griffith, al oeste de Sídney. Después apareció la oportunidad laboral a ocho horas de allí, en Victoria. Hicieron una entrevista virtual para ingresar al tambo, con un inglés todavía limitado. Al terminar, ni siquiera estaban seguros de haber conseguido el puesto. “Le digo a mi novio: ‘Creo que nos fue bien, ya veremos qué nos van a decir’”, recuerda. Habían grabado la conversación. Al volver a escucharla descubrieron que el encargado no solo los había contratado, sino que además les había dicho que la casa donde iban a vivir ya estaba preparada.
“El hombre nos dijo que no nos preocupáramos por aprender, sino que era cuestión de práctica una vez que estuviéramos allí. Nos dijo que íbamos a aprender viendo, equivocándonos. Y realmente fue así”, sostiene.
Victoria es el principal estado productor de leche de Australia: en la campaña 2024/25 produjo 5266 millones de litros sobre un total nacional de 8315 millones, según Dairy Australia.
El tambo donde están Porporato y Pedrotti cuenta con un rotary, una plataforma giratoria de 60 puestos, donde se realiza el ordeñe. “Cuando termina esa primera parte de la jornada, alrededor de las 8 u 8.30, aparecen otras tareas. En plena época de nacimientos pueden llegar entre 10 y 15 terneros por día, que deben ser alimentados y atendidos”, describe. Las tareas se van rotando: mantenimiento, limpieza, preparación de parcelas o trabajos en otro campo de la misma empresa destinado a ganadería. Por la tarde pueden volver al ordeñe o continuar con el cuidado de los animales.
“El trabajo en el tambo es mucho más agotador físicamente, pero estoy más relajada mentalmente. Descansando se me pasa y al día siguiente estoy como nueva”, afirma.
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