Dejaron su empresa en Girona y se mudaron a un cortijo en Jaén para vivir de forma sustentable
Sandra y José abandonaron la vida urbana y una exitosa firma de programación para instalarse en una casa rural sin agua ni electricidad, donde crían a sus cuatro hijos con homeschooling y autosuficiencia.


Sandra y José, una pareja de emprendedores de Girona, decidieron abandonar su empresa de programación y su vida en la ciudad para mudarse a un cortijo en Jaén, en el sur de España. Cansados de la rutina urbana y en busca de un propósito, dejaron atrás su piso y sus comodidades para iniciar una vida sustentable en medio del bosque. La vivienda, heredada y cerrada durante casi una década, carecía de suministros básicos como electricidad, agua corriente e internet.
“Vivíamos insatisfechos. No había un propósito vital en nuestra vida y teníamos muchas discusiones, las dinámicas familiares no funcionaban”, explicó Sandra en un video difundido por el creador de contenido Arnau Serrado. La pareja, que tenía cuatro hijos, optó por el homeschooling como método educativo, desvinculándose del sistema escolar tradicional. “Nosotros no buscamos la autosuficiencia, sino que ella nos encontró a nosotros”, relató José sobre la transición.
Para garantizar un descanso óptimo, la familia implementó el uso de luz roja en el hogar, una práctica que protege el ciclo circadiano. “Las luces azules rompen un poco el ciclo circadiano, entonces impiden el buen descanso”, detalló Sandra. El consumo energético se regula mediante placas solares con baterías de litio, lo que mantiene el hogar con mínima radiación electromagnética. Por las noches, se desconecta por completo el wifi.
El suministro de agua representa uno de los mayores desafíos. Como la propiedad no tiene pozos ni fuentes naturales cercanas, la familia diseñó un sistema de recolección de agua de lluvia y almacenamiento en depósitos. “El problema del agua es un problema bastante grave”, admitió José, quien debe trasladar el recurso con un remolque desde una fuente distante. Pese a las dificultades, Sandra destacó la conciencia que genera: “Te hace más consciente de lo que gastas, de lo que cuesta conseguir esa agua y esa electricidad”.
La sostenibilidad también se refleja en su modelo de consumo. Aunque redujeron gastos superfluos, no escatiman en aspectos esenciales como la alimentación de calidad y el calzado respetuoso para sus hijos. El financiamiento del proyecto proviene de la empresa de programación de José, quien hoy trabaja de forma remota con inteligencia artificial para automatizar procesos, lo que le permite compatibilizar su labor con la crianza.
La pareja, que comparte su experiencia bajo los nombres de Capitán Salvaje y Crianza Salvaje en Instagram, ha reunido una comunidad que supera los 400.000 seguidores combinados. A través de sus perfiles, divulgan el aprendizaje de vivir en la montaña y el manejo de una pequeña granja familiar en expansión. A pesar de las vicisitudes climáticas, como las fuertes rachas de viento que destruyeron sus paneles solares en varias ocasiones, mantienen su convicción. “Cuando vives en la montaña te tienes que aclimatar. Asumimos que cuando eres autosuficiente dependes de aquello que tienes y que se puede romper”, concluyó José.
Fuente: Lanacion.
Más en Historias Personales

Lucas Trejo: a un mes de perder a su familia en el terremoto de Venezuela, el futbolista rompió el silencio
30 jul

Anna Possi, la barista de 101 años que atiende su propio bar en Italia
30 jul

Joaquín, el argentino que gana 211 dólares por día como basurero en Australia
29 jul
Más leídas
7 días- 1
"Hello Adele" llega al Teatro Ópera: un tributo a la diva británica en Buenos Aires
Espectáculos · 22 jul
- 2
“Hello Adele” Live in Vegas llega a la Avenida Corrientes con Stephanie Lii
Espectáculos · 23 jul
- 3
Ceuta: Desborde migratorio y pedido de emergencia nacional ante arribos masivos
Inmigración · Ayer 18:26
- 4
Tecnofields 2026: La Rural, epicentro de tecnología, gaming e innovación
Tecnología · 27 jul
- 5
Cartas de lectores: patriotismo, despedida y racismo en el debate argentino
Opinión · 24 jul






