Dibu Martínez busca una atajada que cambie su Mundial y lo devuelva a ser decisivo
Recibió cinco goles en nueve remates; la autocrítica y el trabajo para recuperar la confianza ante Suiza.


Emiliano Martínez fue uno de los que más festejó la remontada contra Egipto, pero la alegría no fue completa. Después de recibir dos goles en apenas dos remates al arco, caminó lentamente hacia el arquero rival y se unió al festejo muy lejos de la euforia de otras veces. "Sentí que no pude ayudar a nadie", dijo después. La frase explicó el momento que atraviesa uno de los grandes referentes de la selección argentina.
Dibu siente que todavía está en deuda con el grupo. Frente a Suiza buscará mucho más que el pase a semifinales: irá por esa atajada que todavía siente que le falta, la que le permita recuperar la confianza que transmitió cada vez que se puso el buzo de la selección. "Necesito ayudarlos un poco más, ellos me están salvando muchos partidos", sostuvo.
El marplatense llegó a este Mundial después de una recuperación contrarreloj por una fractura en el dedo anular de la mano derecha. En cinco partidos le llegaron nueve veces y le convirtieron cinco goles. Atajó cuatro disparos y tiene un porcentaje de salvadas del 44,4%, el quinto más bajo entre todos los arqueros del torneo. De las selecciones que siguen en carrera, Dibu es el que menos atajó en relación con las veces que le llegaron.
Pese a no mostrar la solidez de otros tiempos, Argentina sufrió pocas llegadas. El problema es que más de la mitad terminaron en gol. Dibu no tuvo responsabilidad directa en ninguno, pero tampoco apareció con esas atajadas que durante años le dieron a la selección la sensación de que siempre tenía una vida más. Todavía no brindó esa seguridad que les dio tranquilidad a sus compañeros y a los hinchas.
Nadie dentro de la selección pone en duda su lugar. Mucho menos Lionel Scaloni. La fractura en el dedo anular no le permitió entrenarse con normalidad durante gran parte de la preparación. Se perdió los amistosos frente a Honduras e Islandia y recién antes del partido con Cabo Verde volvió a participar de las prácticas de fútbol. Cuando el entrenador le pidió que no apurara la recuperación también le dejó en claro que su titularidad no corría riesgo. Pero Dibu nunca se conformó con llegar. Quiere volver a sentirse bien dentro de la cancha.
El que más se exige es él. Desde 2018 trabaja con el británico David Priestley, un especialista en entrenamiento mental. A eso le suma horas de video para revisar cada una de las jugadas en las que le llegaron al arco, corregir detalles técnicos y redoblar el trabajo en cada práctica junto a Martín Tocalli, el entrenador de arqueros. Está convencido de que ese partido que todavía le falta también empieza a ganarse en la semana.
Ya más tranquilo, Dibu se permitió reírse un poco de lo vivido. Compartió un carrusel en Instagram y cerró la publicación con la imagen de una persona tomándole la presión a otra. "¿La última foto es lo que pasamos todos, no?", escribió. En la intimidad de la selección lo tomaron como una buena señal. Después de varios días preocupado por su nivel, verlo reírse también les llevó algo de calma.
La comparación con Qatar deja en claro por qué se pone una vara tan alta. En aquella Copa del Mundo tampoco le llegaron demasiado, pero apareció en los momentos clave: atajó dos penales en la definición con Países Bajos, volvió a responder frente a Francia y dejó dos de las atajadas más recordadas de la historia de la selección, como la de Garang Kuol y la de Randal Kolo Muani. Ahora intentará algo parecido: ir de menor a mayor y volver a ser decisivo.
Suiza puede darle el partido que viene esperando. El conjunto europeo necesitó 3,6 remates al arco para convertir un gol en este torneo, más que todos los rivales que enfrentó Argentina hasta ahora. Si el partido sigue esa lógica, seguramente tendrá una o dos chances para demostrar que sigue siendo el de siempre. Y eso es justamente lo que viene buscando desde el debut.
En un cruce como el del sábado, cualquier arquero elegiría no tener trabajo. Dibu también. Pero sabe que una o dos atajadas pueden cambiar mucho más que el rumbo del partido. Pueden cambiar también su historia en este Mundial y devolverlo al nivel que lo convirtió en un arquero de época.
Fuente: Lanacion.
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