Viajes

Dos amigos australianos recorren el mundo: uno en silla de ruedas, el otro a su lado

Fletcher Crowley, parapléjico desde los 17, y Lachie Bennett ya visitaron cuatro continentes y superaron todo tipo de obstáculos.

Redacción2 min de lectura
“El mundo no es accesible, nosotros lo somos”: dos amigos, una silla y un viaje increíble

Fletcher Crowley y Lachie Bennett, dos amigos australianos, demostraron que la discapacidad no es un límite para viajar. En tres meses recorrieron cuatro continentes con un lema que los define: “El mundo no es accesible, nosotros lo somos”. Comparten sus aventuras en redes sociales bajo el nombre “Dos compañeros y una silla”.

Fletcher quedó parapléjico a los 17 años tras fracturarse dos vértebras en un accidente de ciclismo de montaña. Aunque puede ponerse de pie por momentos, su condición lo agota rápidamente. Sin embargo, esto no le impidió cumplir su sueño de conocer el mundo junto a su amigo.

La dupla visitó Europa, Asia, África y Sudamérica. En cada destino encontraron la manera de adaptarse: ya sea en silla de ruedas o sobre la espalda de Lachie, llegaron a lugares que parecían imposibles. Una de las hazañas más recordadas fue cuando Bennett cargó a Crowley para subir los 268 escalones que conducen al Gran Buda de Hong Kong.

Los amigos se reencontraron después de la escuela en un centro de recuperación para personas con lesiones medulares. Fletcher era paciente y Lachie trabajaba allí. “Durante un turno de noche, terminamos cenando juntos y conectamos al instante”, recordaron. Desde entonces, se volvieron inseparables y descubrieron que compartían la pasión por la aventura, la música y la moda.

El viaje comenzó con una oferta de una agencia que les permitió dar la vuelta al mundo. “Originalmente planeábamos dos semanas, pero compramos un pasaje con múltiples escalas y se convirtió en una gran travesía”, explicaron. El itinerario incluyó Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica.

En Suiza, una familia local los invitó a quedarse en su casa. “Comimos muchísimo queso y descubrimos el país de una forma totalmente diferente”, contaron. En Francia, se alojaron en una granja de ovejas y en una capilla del siglo X cerca de Niza. En Brasil, recorrieron la selva en cuatriciclo y se hospedaron en Florianópolis. En Sudáfrica, hicieron un safari, bucearon con tiburones y practicaron parapente.

Los obstáculos no fueron pocos. “Pensábamos que sería mucho más difícil, pero nos adaptamos rápido”, aseguraron. Los mayores desafíos eran los lugares inaccesibles, que los obligaban a buscar rutas alternativas o ingeniar formas de desplazarse. “Puede requerir más planificación, pero encontramos la manera de que casi todo funcione”, enfatizaron.

Para financiar el viaje, al principio usaron sus ahorros, pero luego una campaña de micromecenazgo les permitió continuar. Su historia se volvió viral y hoy inspiran a miles de personas en el mundo.

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