Arquitectura

Dos uruguayas fundaron Slantis en EE.UU.: trabajan en obras de JP Morgan, Apple y LAX

Andy Robert y Mercedes Carriquiry se conocen desde los 16 años y crearon una empresa que usa tecnología para repensar la arquitectura.

Redacción••4 min de lectura
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Son argentinas, se fueron a Estados Unidos a los 25 años y hoy trabajan detrás de algunos de los edificios más emblemáticos

Dos arquitectas uruguayas que se conocen desde los 16 años fundaron en Estados Unidos una empresa que hoy trabaja detrás de algunos de los edificios más emblemáticos del mundo. Andy Robert y Mercedes Carriquiry tenían 25 años, algunos ahorros y prácticamente ningún contacto cuando se tomaron un avión desde Uruguay hacia Los Ángeles y gastaron cada dólar que habían juntado en conseguir un cliente.

Once años después, Slantis tiene 250 personas y oficinas en Estados Unidos, Uruguay y la Argentina. La compañía se define como una empresa de tecnología y producción creada por arquitectos para arquitectos, y su objetivo no es quedarse con la autoría conceptual de un edificio, sino intervenir en el universo que existe entre la idea inicial y la construcción.

Durante los primeros tres días en Estados Unidos, encerradas en una habitación de hotel, empezaron a llamar por teléfono a estudios de arquitectura que no conocían. "Ni siquiera sabíamos cómo empezar. No teníamos nada de ventas; nuestra formación hasta ese momento era arquitectura", recuerdan. Hasta que alguien atendió y las escuchó.

Del otro lado estaba un empresario del sector que les pidió que viajaran hasta San Francisco para mostrarle a su equipo cómo habían desarrollado tres proyectos en los que ya habían trabajado. Aceptaron de inmediato. Después de cortar el teléfono, se miraron y apareció un pequeño problema: no sabían ni dónde quedaba San Francisco.

Esa reunión se convertiría en uno de los primeros grandes pasos de Slantis, la empresa que habían fundado poco tiempo antes con una premisa que todavía hoy define el negocio: utilizar tecnología para repensar la manera en la que se desarrolla la arquitectura.

Las dos son uruguayas, integran el mismo grupo de amigas y estudiaron arquitectura en universidades diferentes. "Mi universidad tenía un foco mucho más puesto en los negocios y la de Mercedes, mucho más en la técnica y en el diseño", reconoce Robert. Ambas compartían una inquietud: querían salir de Uruguay y entender cómo se hacía arquitectura en otros mercados. Carriquiry se fue a Francia. Robert, a Alemania.

Fue allí donde Robert se encontró con algo que modificaría su manera de pensar la profesión. "Tradicionalmente, si yo te digo arquitecto, pensás en alguien que hace casas, ladrillos, construcción. Yo de repente aprendí programación y a aplicarla al campo de la arquitectura", cuenta. La experiencia le mostró que la tecnología podía intervenir mucho antes de que una obra llegara al terreno.

Cuando las dos volvieron a Uruguay siguieron caminos tradicionales: Robert comenzó a trabajar en obra y Carriquiry ingresó a un estudio boutique, donde llegó a liderar el desarrollo del Audi Zentrum de Montevideo. Pero algo no les cerraba.

En 2015 se sentaron en un café y apareció la pregunta que terminaría dando origen a la empresa: por qué una industria que diseña edificios cada vez más complejos seguía utilizando procesos tan tradicionales y que habían cambiado relativamente poco. "Repensemos cómo se hace arquitectura y usemos la tecnología como el gran estandarte", fue la consigna que se plantearon entonces y esa misma sigue siendo la razón de la compañía.

Había, sin embargo, otro desafío: no solo eran extranjeras entrando al mercado de arquitectura más grande del mundo, tenían apenas 25 años. Paradójicamente, Robert cree que la edad terminó jugando a su favor. "San Francisco es una ciudad con mucha gente joven y dedicada a la tecnología. Es normal hablar con un joven que realmente tiene un nivel profesional descomunal", explica Carriquiry.

En un proyecto tradicional, explican, un arquitecto puede diseñar una forma y luego comenzar a superponer una enorme cantidad de información: estructuras, materiales, instalaciones, proveedores, medidas y detalles constructivos. El problema es que cuando esos elementos no dialogan correctamente desde el comienzo, los errores suelen aparecer más adelante. Y, en construcción, descubrir un conflicto tarde significa generalmente más tiempo y más dinero. Ahí aparece el trabajo de la empresa.

Utilizan herramientas como BIM (Building Information Modeling) y, cada vez más, inteligencia artificial para construir primero una especie de modelo virtual del edificio, en el que diferentes variables pueden coordinarse antes de llegar a la obra. "Te permite adelantarte a ese tipo de decisiones mucho más rápido y de manera mucho más efectiva a lo largo del desarrollo del proyecto", explica Robert.

Ese camino las llevó a trabajar con algunos de los grandes estudios y compañías del mercado estadounidense y a participar, según cuentan, de proyectos de una escala difícil de imaginar cuando comenzaron en Montevideo.

Entre los emprendimientos más importantes aparecen la nueva terminal del aeropuerto internacional de Los Ángeles (LAX), que es hasta ahora el contrato más grande que tuvieron con 13.935 m² de programa aeroportuario; la nueva sede de JP Morgan en Nueva York; proyectos vinculados con YouTube y Google en California y el aeropuerto de Denver. Actualmente también trabajan en la renovación de tiendas de Apple en Estados Unidos.

Por qué importa

El caso muestra cómo dos latinoamericanas se insertaron en el mercado de arquitectura más grande del mundo con un modelo basado en tecnología y no en la autoría tradicional. Su crecimiento incluye oficinas en la Argentina.

Qué sigue

La empresa sigue expandiendo su trabajo en Estados Unidos con la renovación de tiendas de Apple y proyectos vinculados a Google y YouTube. No hay fechas confirmadas para nuevos contratos.

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