Arquitectura

Una familia australiana construyó su casa de 400 m² con fardos de cebada y casi no paga luz

Ella Maesepp y David Potter levantaron su vivienda ecológica en Katanning, al oeste de Australia, con 986 "ladrillos" de paja, paneles solares y un sistema de ventilación casero.

Redacción••2 min de lectura
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Una familia australiana construyó su casa de 400 m² con fardos de cebada y casi no paga luz

Una pareja de agricultores del oeste de Australia construyó su casa familiar de 400 metros cuadrados con fardos de paja de cebada y paneles solares. Ella Maesepp y David Potter viven con sus dos hijos en Katanning, a unos 300 kilómetros al sureste de Perth, en un campo de dos mil hectáreas que destinan a la agricultura y la ganadería.

La vivienda tiene cuatro ambientes y cochera, y se levantó con 986 "ladrillos" de paja de cebada que funcionan como aislante térmico. La idea nació en 2010, cuando los recién casados combinaron la vocación de Ella por la conservación del medio ambiente con el enfoque práctico de la agricultura de su marido.

El caso se conoció en 2017, cuando un documental mostró el interior de la propiedad y la pareja salió a desmentir un prejuicio instalado. "Todavía existe la percepción de que vivir de forma ecológica significa vivir como un hippie solitario o perderse muchas cosas", reflexionó Maesepp en aquella entrevista.

La casa se abastece de energía solar. Los paneles cargan baterías con capacidad para almacenar hasta 50 kilovatios, suficientes para los electrodomésticos de uso diario. "¿Por qué pagar por la electricidad cuando el sol sale gratis todos los días?", planteó la mujer, que usa a diario la aspiradora y la lavadora, mientras su marido trabaja con herramientas eléctricas en el garaje. El criterio se repite en otros proyectos de vivienda que combinan consumo, materiales y confort.

El diseño solar pasivo regula la temperatura interior sin grandes equipos. En invierno, los ventanales orientados al norte dejan entrar la luz del sol y los muros de piedra de masa térmica absorben el calor y lo liberan de a poco. La estufa a leña se enciende apenas 14 días y 34 noches durante toda la temporada fría.

En verano, los aleros impiden que el sol entre directo. Si eso no alcanza, la familia apela a su propio aire acondicionado: "Abrimos las ventanas panorámicas de 360 grados en una habitación situada en lo alto de una escalera, y el aire caliente sube y se libera", contó Maesepp.

La reducción de residuos es otro de los objetivos que se fijaron. La familia tira apenas una bolsa de basura por semana, gracias a que recorta el consumo de envases descartables, cosecha sus propios alimentos y compra a productores locales. El enfoque se parece al de otras experiencias de diseño de una primera casa familiar que priorizan el entorno y los materiales.

La propiedad está en una zona de climas bien marcados, con inviernos y veranos intensos, y el edificio se pensó desde el inicio para responder a esa oscilación. La combinación de paja, piedra y orientación de las aberturas reemplaza buena parte de la energía que otras viviendas consumen para calefacción y refrigeración.

Por qué importa

El caso muestra que una vivienda rural puede cubrir calefacción, refrigeración y electricidad con materiales del propio campo y sin resignar comodidades. Es un parámetro útil para quien piensa en construir fuera de la ciudad con costos bajos.

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