El abandono de 1.124 palas eólicas en Wyoming y la segunda vida que encontró una planta de cemento
Las palas de turbinas eólicas no se pueden reciclar y se acumulan en vertederos, pero una planta en Missouri ya procesó más de 7.000.

En las altas llanuras a las afueras de Casper, Wyoming, se abre una trinchera y un operario baja un trozo de pala de turbina eólica. El material, cortado en secciones, se apila en el vertedero regional. La ciudad confirmó que hasta septiembre de 2020 se acumularon 1.124 palas provenientes de tres parques eólicos de la zona.
Cada pala medía unos 40 metros y se cortaba en tres tramos de 13 metros para poder transportarlas. Las secciones más pequeñas se encajaban dentro de las más grandes, una técnica que evita que ocupen demasiado espacio. Aun así, una sola pala ocupa el equivalente a tres camiones hormigoneras.
El problema es que las palas están hechas de fibra de vidrio unida con epoxi, un material diseñado para resistir tormentas durante décadas. Esa misma resistencia impide que se descomponga en el vertedero. El acero se funde y el cobre se extrae, pero el compuesto curado no se puede deshacer por calor de manera económica.
El corte se realiza en el lugar donde estaba la turbina, con una sierra de hilo diamantado. Una hoja de 45 metros pesa alrededor de 9.000 kilos incluso después de seccionada, por lo que la zanja se ubica antes de la planta de reciclaje. Un seguimiento de 2024 informó que no llegaron más palas desde mediados de 2021, lo que convierte a la trinchera en un episodio histórico.
Sin embargo, la historia evolucionó. Una planta en Louisiana, Missouri ahora tritura palas usadas para alimentar hornos de cemento y afirma haber procesado más de 7.000 desde 2020. Ingenieros europeos, por su parte, están colocando palas viejas en puentes y desarrollando resinas que se pueden separar al final de la vida útil.
El proceso no es un reciclaje de pala a pala en circuito cerrado, sino una vía de recuperación de materiales: el compuesto se destina a la producción de cemento en lugar de a un nuevo rotor. Así, lo que antes era un desecho sin solución, encuentra una segunda vida en la industria de la construcción.
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