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El adiós de Messi a la Selección: de un amor no correspondido a un matrimonio eterno

Eligió la celeste y blanca cuando España lo buscaba, soportó cuestionamientos y hasta una renuncia antes de ganarlo todo. Se va después de más de 20 años.

Redacción••5 min de lectura
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El adiós de Messi a la Selección Argentina: del amor no correspondido a un matrimonio eterno

Lionel Messi tendrá su última función con la camiseta de la Selección Argentina. Será el final de un vínculo que al principio no fue correspondido, que sobrevivió a derrotas, frustraciones y hasta una ruptura, y que terminó convertido en uno de los matrimonios más fuertes de la historia del fútbol. Cuando termine el amistoso de este martes contra Benín, nunca más volverá a vestir el 10 en celeste y blanco.

La historia arranca lejos de Argentina. Su exilio forzado a Barcelona lo sacó del radar de José Pekerman y su equipo, en tiempos en los que la hiperconectividad todavía no existía. Esa carencia tecnológica alimentó el mito de un pibe que gambeteaba a la velocidad de la luz en La Masía y que la Real Federación Española de Fútbol quería sumar a sus juveniles.

Había una traba. Su papá, Jorge, sabía que Leo solo pensaba en dos cosas: llegar a la Primera de Barcelona y jugar en la Selección Argentina. Y lo hacía saber a quien lo consultara. El mito sigue con un VHS con un puñado de jugadas que grabó Jaume Marcet, periodista de Barça TV, para que Horacio Gaggioli, representante de la Pulga en sus primeros años, se lo acercara a Claudio Vivas, entonces ayudante de Marcelo Bielsa después de la debacle en el Mundial de Corea-Japón 2002. Iba tan rápido Messi que el Loco le pidió a su asistente que pusiera el video en velocidad normal. Estaba en velocidad normal.

Ya era 2003 y Vivas le avisó a Hugo Tocalli, a cargo de la Sub-17, que no podía obviar a ese chiquitín endiablado. El DT, con el Mundial de Finlandia encima, no quiso romper sueños y decidió no convocarlo. El destino puso a España en las semifinales y Argentina, tras ir 2-0 arriba, perdió 3-2. Después de la eliminación, todavía en el hotel de Helsinki, alguien de la delegación vencedora le dijo al DT argentino que la historia hubiese sido diferente si hubiera tenido a un pibito que jugaba en Barcelona. “¿Messi?”, preguntó. “¡Sí, Messi!”, le respondieron.

Así empezó el plan para seducirlo. Ya corría 2004 y la búsqueda fue más conocida. Omar Souto, un imprescindible en AFA, y su excursión a un locutorio de Monte Grande para conseguir una guía telefónica de Rosario. El llamado a cada uno de los Messi que aparecían para ver si en esa casa vivía un Leonardo —todavía no sabían que se llamaba Lionel— hasta que llegaron al número de la abuela y al rato contactaron a Jorge. “Por fin”, soltó el papá de la criatura. Era sencillo. Solo había que llamarlo.

En la AFA desconocían que Messi se moría por jugar en la Selección. La prueba está en un video de aquel año, en el que Leo abre su corazón: “Mi meta ahora mismo es pasar rápidamente a la Reserva (Barcelona B). Y otra de mis metas que me gustaría es jugar con la Selección Argentina. Es algo que quiero hace mucho tiempo y todavía no lo consigo”.

Consultado sobre si soñaba con ganar un Mundial como Maradona, respondió: “A todos nos gustaría, primero, jugar en la Selección y después ganar un Mundial ya sería lo máximo. Me encantaría. Y, bueno, espero que, con el trabajo y la humildad, llegue a eso”. También admitió que nunca había hablado con Tocalli y confió: “Creo que no hubo la oportunidad. Y que algún día la tendré y estaré al lado de él”.

Así se organizó el famoso amistoso para blindarlo y acabar con los sueños españoles. Allí Julio Grondona estuvo rápido de reflejos. Mandaron la convocatoria por fax a las oficinas del Camp Nou a nombre de Lionel Andrés Mecci Cuccittini. Menos mal que los catalanes no se pusieron exigentes. Así se fraguó el amistoso internacional con una selección Sub-23 de Paraguay y árbitro internacional, Gabriel Brazenas, con planilla FIFA. Fue el 29 de junio de 2004, día del 18° aniversario de la conquista del Mundial de México 86, en la cancha de Argentinos Juniors, el lugar donde Diego Maradona debutó en Primera.

Con 17 años recién cumplidos, entró en el segundo tiempo con el número 17 y, después de entregar un par de asistencias, marcó el séptimo del 8-0. Todo está muy bien contado en el documental “Messi: la cinta perdida”, producido por ESPN. Esa fría noche de invierno en La Paternal se inició una leyenda. Y el amor que parecía no ser correspondido tuvo su primer flechazo.

El resto es más sencillo de contar. Messi ya empezaba a convertirse en el mejor futbolista del mundo en Barcelona, pero en la Selección todavía debía rendir examen a pesar de haber sido genio, figura y campeón en el Mundial Sub-20 de Holanda 2005 y medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Que no cantaba el himno, que allá jugaba mejor, que le faltaba carácter, que no sentía la camiseta como Maradona. Había elegido jugar para acá, pero durante años tuvo que demostrar que era suficientemente argentino. Una contradicción que hoy, cuando su nombre seguido por una reverencia baja de las tribunas antes, durante y después de cada partido, parece difícil de explicar.

Tampoco ayudaron las decepciones que se empezaron a acumular. Alemania en 2006, Brasil en la final de la Copa América 2007, otra vez Alemania en 2010, Uruguay en casa en 2011 y, sobre todo, aquella final del Mundial 2014 que se escapó por muy poco. Después llegaron Chile y los penales en las Copas América de 2015 y 2016. En la segunda, Messi falló el suyo. Había perdido cuatro finales con la Selección Mayor y dijo basta. “Se terminó para mí la Selección”. Tenía 29 años y el amor atravesaba su ruptura más profunda.

Duró poco la calentura. Por suerte. Lo mejor estaba por venir.

Por qué importa

Se cierra el ciclo del futbolista más importante de la historia argentina, el hombre que sostuvo el proyecto deportivo de la Selección durante más de dos décadas y que transformó la relación del público con la camiseta.

Qué sigue

Queda por ver cómo la Selección rearma su identidad sin su capitán y quién toma la conducción del equipo en el próximo ciclo mundialista.

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