Política

El escándalo de Cerimedo agrava la crisis del presidente boliviano Rodrigo Paz

La detención del asesor presidencial golpea a un gobierno que enfrenta una economía en emergencia y un Congreso hostil.

Redacción4 min de lectura
El escándalo de Cerimedo golpea todavía más al presidente Rodrigo Paz en medio de una grave crisis económica y política

La detención de Fernando Cerimedo, asesor personal del presidente boliviano Rodrigo Paz, sacudió al gobierno en un momento de máxima fragilidad. El escándalo, que involucra al hombre de confianza del mandatario, se conoció en paralelo a la censura legislativa del ministro de Economía, José Gabriel Espinoza.

Paz asumió hace casi diez meses con la promesa de terminar con dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS) y sacar al país de la peor crisis económica en 40 años. Sin embargo, hoy enfrenta una economía en emergencia, una Asamblea Legislativa fragmentada y una creciente conflictividad social que ya puso a prueba su capacidad de gobierno.

El analista político Diego Ayo afirmó a LA NACION: “Lo de Cerimedo es brutal porque era el hombre de confianza absoluta. Esto ha debilitado tremendamente a Rodrigo Paz”. Y agregó: “Se observa un gobierno cercano a la corrupción, sin ninguna propuesta, sin un plan de gobierno, sin plata. Y ni siquiera hablamos de la crisis económica. Estamos en un país jodido y nadie habla de eso”.

El caso Cerimedo se suma a un contexto ya inflamable. Paz llegó al poder con la promesa de cerrar el ciclo de Evo Morales y estabilizar una economía que arrastra escasez de dólares y combustible, deterioro de reservas y fuertes desequilibrios fiscales. La pérdida de capital político complica su plan de tomar decisiones antipáticas pero necesarias.

Uno de los principales ejemplos es el retiro de las subvenciones a los combustibles, que desencadenó una ola de protestas y bloqueos de 53 días entre mayo y junio. La movilización comprometió el abastecimiento en varias ciudades y obligó al gobierno a recurrir a medidas excepcionales.

Tras superar aquel cerco, Paz pronunció su primer discurso nacional a comienzos de mes y defendió la necesidad de tomar decisiones “impopulares” para evitar un colapso mayor. Dijo que había recibido una “patria arrasada y moribunda”.

En ese contexto, el gobierno acordó un programa de financiamiento con el FMI que aún requiere la aprobación del Congreso y del Directorio Ejecutivo del FMI. El acuerdo es clave para estabilizar la economía y aliviar la escasez de combustible y divisas.

La censura de Espinoza representa un revés inoportuno. El Congreso aprobó su censura con 91 votos a favor, 34 en contra y cuatro abstenciones, después de que el funcionario no se presentara a responder preguntas sobre la política económica. Espinoza explicó que había viajado a Santa Cruz para atender problemas de suministro de diésel antes de dirigirse a Brasil.

Según el procedimiento legislativo, la censura obliga a la salida del funcionario. Sin embargo, Espinoza anunció que el gobierno recurrirá al Tribunal Constitucional por considerar que se vulneraron normas. El episodio abre otro frente de confrontación entre el gobierno y un Congreso donde Paz no tiene mayoría propia.

“Estamos llegando al décimo mes de gobierno y estamos arrastrando la misma crisis económica”, cuestionó el diputado opositor Antonio Muriel durante el debate. La frase resume uno de los problemas centrales: Paz necesita al Congreso para aprobar reformas y el acuerdo con el FMI, pero el Congreso se ha convertido en un escenario de desgaste.

Espinoza era uno de los principales responsables de la política económica y de las negociaciones con el FMI. Su salida, si queda firme, golpea a un equipo que necesita mostrar capacidad de ejecución.

La fragilidad política también se manifiesta en la coalición de Paz. Perdió el respaldo de algunos aliados iniciales y debió cambiar su gabinete durante las protestas. La ruptura más significativa fue con su vicepresidente, Edmand Lara, quien se declaró opositor y calificó al gobierno de “tirano”.

Para el analista Carlos Cordero, Cerimedo era un “personaje incómodo” y su salida puede ser un alivio para Paz. “Cerimedo armó su propio camino al desastre y a la muerte política, en Bolivia al menos”, sostuvo. Pero el alivio puede ser insignificante: tanto el caso Cerimedo como la disputa por Espinoza profundizan el desgaste y la percepción negativa sobre la gestión.

“La narrativa de promover la renuncia de Paz y una crisis política ha vuelto a reflotar”, advirtió Cordero, quien recordó que el andamiaje constitucional contempla un referéndum revocatorio después de dos años y medio de gestión. “Lo disruptivo es pedir la renuncia y elecciones adelantadas”, señaló.

La tensión se suma a otros cuestionamientos, como la detención del exministro de Hidrocarburos Mauricio Medinaceli, investigado por la compra de combustible de mala calidad que dañó miles de vehículos. El gobierno aún intenta resolver las consecuencias de esa crisis.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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