Sociedad

El legado anónimo de plantar un árbol: una reflexión sobre la memoria y el futuro

Una columna recuerda a una mujer áspera que plantó un árbol y dejó una huella perdurable, invitando a pensar en el acto de sembrar como sueño de porvenir.

Redacción1 min de lectura
Mensajes al pie de una arboleda

Una mujer de trato difícil, solitaria y ajena a la ternura, plantó un árbol en la vereda de su casa. El gesto, ocurrido durante la infancia de quien narra, quedó grabado como una postal inolvidable. Años después, al conocer su muerte, la autora descubrió que ese árbol había crecido y daba sombra a los transeúntes.

La escena original muestra a esa mujer, descrita como áspera y poco dada al cuidado, concentrada en afianzar un pequeño tronco con maderas y cintas. El árbol, tambaleante al principio, sobrevivió y se convirtió en un símbolo de un legado anónimo.

La reflexión se apoya en el libro Un árbol de compañía, de Clara Obligado y Raúl de Tapia, que cita: “Plantar algo que no llegarás a ver es soñar con el porvenir”. También menciona a la poeta Mary Oliver y al dramaturgo Ariel Barchilón, quien vinculaba la práctica del Tai Chi con la observación de los árboles.

El texto invita a considerar a los árboles urbanos como herencia de quienes pensaron en el futuro, incluso sin ser recordados. La autora concluye con respeto hacia aquella mujer, cuyo gesto la sobrevivió y sigue dando vida.

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