Cultura

El mate y su lenguaje social: el ritual que se pierde con el tiempo

La infusión de origen guaraní conserva reglas, códigos y significados que varían según cómo se comparte

Redacción3 min de lectura
El arte de cebar mate y su significado social que se ha ido perdiendo con el tiempo

El mate está presente en casi todos los hogares de la Argentina y es la bebida nacional por excelencia. Se trata de la infusión de hojas de Ilex paraguariensis, especie arbórea neotropical originaria de América del Sur que, al contacto con agua caliente, libera sabores y aromas particulares. Su origen es guaranítico y prehispánico, y esa definición abarca a la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, países que se disputan ser cuna de la yerba mate.

La preparación sigue reglas básicas y populares. Se usa una calabaza curada y seca —también puede ser un recipiente de madera, acero inoxidable, chapa enlozada, cuerno o plata— que se llena hasta siete décimas partes de su capacidad. Se agita con la boca tapada para mezclar polvo, hojas y palos, se agrega agua caliente, nunca hirviendo, y se inserta la bombilla con la punta tapada con un dedo en un solo movimiento. Después no se la mueve más y se sorbe despacio.

Un mate espumoso es sinónimo de buen mate. Una cebadura acuosa indica que la yerba se lavó y es hora de dejarlo o empezar uno nuevo. Otra característica central es que al mate de calabaza no hay que dejarlo enfriar: después le cuesta tomar temperatura y la cebadura ya no será la misma. El primer mate, si es en compañía, lo toma el cebador para hacerse cargo del polvo y la aspereza del primer sorbo.

La duración, la intensidad y los aromas dependen de la cantidad de personas que lo compartan, del tipo de yerba y de la habilidad del cebador. Hay yerba para todos los gustos: ahumada, aromatizada, con hierbas, con palo, sin palo, en polvo o menos molida. Como sostiene un dicho, “la mejor yerba es la que más te gusta”. El mate criollo se toma caliente, mientras que en ciertas zonas mesopotámicas existe el tereré, mate frío o con agua natural.

Alrededor de la infusión hay leyendas, anécdotas y toda una subcultura. En la conquista se la trató de afrodisíaca y fue prohibida por los jesuitas en las reducciones guaraníticas. También es censurada en ciertos ámbitos laborales por considerarse una costumbre de “vagancia”. El mate cocido, en tanto, es la bebida humilde por excelencia.

El mate tiene además un significado social. Cuando alguien dice “gracias” en una ronda significa que no quiere más. Invitar a tomar unos mates es sinónimo de amistad. El refrán criollo lo resume: “Quien toma mate, vuelve”. Y la pregunta obligada en una reunión sin mate es “¿Dónde estás Don Mateo que no te veo?”. Mate de pava de lata, negra por el hollín, o termo moderno: todo vale hoy en día.

Según Tito Saubidet, existe todo un lenguaje del mate social que se ha ido perdiendo con el tiempo. El mate dulce expresa amistad; muy dulce, “qué esperas para hablar a mis padres”; con canela, ocupas mis pensamientos; con azúcar quemada, simpatía; con leche, estimación; con café, ofensa perdonada. Muy caliente significa “yo también estoy ardiendo de amor por ti”; frío, me eres indiferente; espumoso, “te quiero con todas las de la ley”; lavado, a tomar mate a otro lado.

El escritor Federico Andahazi publicó su última novela, El prisionero del yerbatal, donde el marco general es precisamente la yerba mate e incluye información para los interesados en el tema.

Por qué importa

El mate atraviesa la vida cotidiana de casi todos los hogares argentinos y funciona como código de amistad y pertenencia. Su ritual y su lenguaje social son parte del patrimonio cultural que se transmite de generación en generación.

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