Psicología

El Mundial y la necesidad humana de pertenencia, según la psicología

La especialista en tendencias Mariela Mociulsky analiza cómo el certamen mundial activa un sentimiento que trasciende al fútbol: nuestra necesidad de pertenecer.

Redacción2 min de lectura
El Mundial y la necesidad humana de pertenencia, según la psicología
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Millones de argentinos organizarán su agenda alrededor de un partido del Mundial. Cancelarán reuniones, llegarán antes a casa, repetirán cábalas y vivirán noventa minutos con una intensidad difícil de explicar. Otros seguirán con su rutina, aprovecharán las calles más tranquilas o no entenderán qué tiene de apasionante perseguir una pelota. Ninguna de esas dos maneras de vivir el día vuelve a alguien más o menos argentino.

Sin embargo, el Mundial deja al descubierto algo que trasciende al fútbol: la necesidad humana de pertenecer. En una época que celebra la individualidad, donde los algoritmos construyen experiencias personalizadas para cada uno, crece la necesidad de encontrar espacios compartidos. La psicología lleva décadas mostrando que el sentido de pertenencia no es un lujo emocional, sino una necesidad humana profunda que fortalece la confianza, reduce el aislamiento y contribuye al bienestar.

Por eso hoy se observa un renovado interés por experiencias que funcionan como rituales colectivos: recitales multitudinarios, comunidades de corredores, clubes de lectura, encuentros de vecinos, peñas, festivales o comunidades digitales. Todas buscan lo mismo: sentir que compartimos algo con otros.

El fútbol tiene una enorme capacidad para activar ese sentimiento con mucha fuerza, aunque no hace falta emocionarse por las mismas cosas para sentirse parte de un mismo país. La noción de “argentinidad” se transforma con las generaciones, las crisis y los cambios culturales. Hace algunos años predominaban relatos asociados a la viveza criolla; hoy cobran fuerza otros valores: la resiliencia, la solidaridad, la creatividad, el humor como refugio y la capacidad de construir comunidad.

Muchos extranjeros descubren aspectos de la Argentina que los locales suelen pasar por alto: la facilidad para invitar a compartir un mate, la cercanía física, los abrazos, la costumbre de convertir a un desconocido en conocido. Son gestos casi invisibles para quienes los viven todos los días, pero hablan de una forma de relacionarse que también construye bienestar.

Cada Mundial vuelve a poner estas preguntas sobre la mesa. No porque el fútbol explique quiénes somos, sino porque funciona como uno de esos raros momentos en que una sociedad vuelve a conversar sobre sí misma. Reconoce que, aun siendo diferentes, seguimos necesitando historias, rituales y espacios donde el “nosotros” tenga lugar, y esa es una de las formas más profundas de cuidar el bienestar.

Fuente: Lanacion.

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