Sociedad

El mundo se encamina a una contracción poblacional con sociedades envejecidas

La caída de la natalidad y el envejecimiento acelerado reemplazan el temor a la explosión demográfica en el siglo XXI

Redacción4 min de lectura
El mundo se encamina a una contracción poblacional con sociedades envejecidas
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Durante gran parte del siglo XX, el temor demográfico era la "explosión poblacional" que agotaría los recursos del planeta. En el siglo XXI, el panorama cambió. Aunque la población mundial todavía aumenta por inercia, lo hace cada vez más lentamente, y muchas sociedades ya enfrentan el problema inverso: menos nacimientos, envejecimiento acelerado y reducción de su fuerza laboral.

Para retener la misma cantidad de población a través del tiempo, se necesita una fertilidad promedio de 2,1. Las cifras actuales estimadas para algunos países son: China 0,98 a 1; Japón 1,14; Unión Europea 1,46; Brasil 1,55; la Argentina 1,4; EE.UU. 1,63; India 1,9; Indonesia 2,13.

Las proyecciones de las Naciones Unidas indican que la población global probablemente alcanzará su máximo dentro de este siglo, debido a la caída generalizada de la fecundidad. La razón más importante es que las mujeres, en muchos países, trabajan a la par de los hombres y postergan la edad de procreación.

Lo de China es un cambio dramático por su escala y rapidez. Tras décadas de rígida política de "hijo único", la preferencia cultural por varones, abortos inducidos, esterilización, urbanización intensa y aumento del costo de vida, el país ha entrado en una etapa de baja natalidad persistente. En los próximos 15 años tendrá relativamente pocas mujeres en edad fértil con la natalidad muy por debajo de la tasa de reemplazo. Aunque el gobierno chino abandonó la política de un hijo, la población sigue disminuyendo. El problema no es solo que nazcan menos niños, sino que la estructura por edades se invierte: hay más adultos mayores y menos jóvenes.

India está en una posición distinta. Hoy es el país más poblado del planeta, pero su fecundidad también cayó de forma notable, especialmente en los estados más ricos. Aún conserva una población joven y una gran fuerza laboral potencial, lo que puede darle un "dividendo demográfico". Pero esa ventaja no es automática: requiere educación, empleo formal, infraestructura, salud pública e inclusión de las mujeres. Sin esas condiciones, el crecimiento restante puede traducirse en desempleo urbano y desigualdad.

Indonesia ocupa un punto intermedio. Es el cuarto país más poblado del mundo y todavía tiene una población relativamente joven, pero su fecundidad ya está bajo el nivel de reemplazo. No enfrenta una caída inmediata como Japón o China, aunque debe prepararse para un futuro de menor crecimiento.

Japón es el caso más avanzado de envejecimiento y contracción. Tiene una de las fecundidades más bajas del mundo y una esperanza de vida muy alta. El resultado es una sociedad con menos niños, más ancianos y regiones rurales que pierden habitantes. Japón respondió con automatización, apoyo a la crianza y cierta apertura migratoria, pero los resultados fueron limitados. Su experiencia muestra que una vez instalada la baja natalidad, revertirla resulta difícil.

La Unión Europea vive una situación parecida, aunque con diferencias internas. Italia, España, Alemania y varios países del este europeo tienen fecundidades bajas y poblaciones envejecidas. La inmigración neta ayuda a sostener la población y el mercado laboral, pero también genera debates sobre identidad e integración. El reto europeo es combinar políticas familiares, reforma de pensiones, innovación productiva e inmigratoria.

Estados Unidos está en una situación menos crítica, pero no inmune. Su fecundidad también está por debajo del reemplazo, aunque la inmigración y una economía capaz de atraer talento le dan más dinamismo. Sin embargo, el encarecimiento de la vivienda, la deuda estudiantil, la inseguridad laboral y los costos de salud y crianza reducen el deseo de tener hijos. Si limita más la inmigración y la fecundidad sigue cayendo, enfrentará un mayor envejecimiento y escasez de trabajadores.

Brasil y la Argentina muestran que la transición demográfica también alcanza a América Latina. En pocas décadas Brasil pasó de familias numerosas a una fecundidad baja. La urbanización, la educación femenina, el acceso a anticonceptivos y el costo de criar hijos explican esta transformación. Su ventana demográfica se cierra, y necesita aprovecharla con educación, productividad y formalización laboral. De lo contrario, puede envejecer con desigualdad.

Este fenómeno no es necesariamente una catástrofe. Puede reducir la presión sobre recursos naturales, aliviar la congestión urbana y permitir mayor inversión por niño. El problema surge cuando la caída es rápida y desordenada. La Argentina pasó de una tasa de natalidad de 2,2 en 2014 a otra de 1,4 en 2024. Cuando esa lógica se rompe, hacen falta nuevos pactos sociales, repensar la edad de jubilación, el trabajo, el cuidado de los mayores y la migración.

Malthus advertía que la población podía crecer más rápido que los recursos. Hoy, el problema no es solo el exceso de habitantes, sino el desequilibrio entre países con muy baja fertilidad y otros pobres donde la población sigue creciendo. Buena parte de África subsahariana sigue bien por encima del umbral de reposición. En América Latina, Uruguay lleva la delantera en baja natalidad y envejecimiento.

El mundo se encuentra envuelto en una contracción poblacional con sociedades envejecidas frente al crecimiento africano. Surgen conflictos migratorios, sociales, culturales y religiosos. Eventualmente, el objetivo de los gobernantes del futuro será dirigir sus países hacia sociedades igualitarias, educadas y prósperas, pero que se adapten a crecer menos.

Fuente: Lanacion.

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