El niño que nos fundó: la importancia de preservar la curiosidad
Un análisis sobre cómo la adultez puede apagar el asombro y por qué es vital recuperarlo para seguir creciendo.

El adulto que camina hoy por el mundo cree que se construyó a sí mismo. Cuenta sus años en títulos, deudas, canas y cicatrices. Presume su madurez como una armadura infalible contra la incertidumbre. Pero detrás de esa fachada de seriedad y control, habita el verdadero arquitecto de su historia: el niño que fue. Él es el padre del hombre.
Fundar un hogar requiere de cimientos firmes, pero fundar a un ser humano requiere de algo más etéreo y poderoso: el asombro. El niño que nos fundó no sabía de leyes fiscales, de agendas apretadas ni de expectativas sociales. Su única moneda de cambio era la curiosidad pura, esa que no busca una recompensa material, sino el simple placer de comprender el porqué de las cosas. Miraba una fila de hormigas con la misma devoción con la que un astrónomo observa una galaxia nueva.
Con los años, el mundo adulto nos impone la cultura del resultado. Dejamos de dibujar porque “no pintamos bien”, dejamos de bailar porque “hacemos el ridículo” y dejamos de preguntar por miedo a parecer ignorantes. Cambiamos el entusiasmo por la productividad y la sorpresa por la rutina. Nos volvemos eficientes, pero grises. Perder la curiosidad es el verdadero envejecimiento; las arrugas de la piel no son nada comparadas con las arrugas del alma cuando esta pierde la capacidad de maravillarse. Por eso, rescatar al niño fundador no es un acto de inmadurez, sino de supervivencia intelectual y emocional. Mantener el entusiasmo es recordar que el aprendizaje no termina con un diploma, sino que es un viaje infinito.
El adulto sabio es aquel que protege los ojos de su infancia para seguir mirando el futuro con la misma valentía y ganas de jugar. Cada vez que te atreves a aprender algo nuevo, cada vez que fallas y te levantas sin el peso del orgullo, estás rindiendo homenaje a tus orígenes. No dejes morir al niño que te fundó; él todavía tiene mucho que enseñarte. Con mucho amor al niño que es el padre del hombre.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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