El regreso de los perfumes de los 90: la nostalgia que se huele
Gap relanza Dream y otras fragancias de esa década, en una nueva etapa de la economía de la nostalgia que explota el vínculo entre olfato y memoria.

La nostalgia por los años 80 y 90 ya no se limita a la música, la moda o el cine: ahora también conquista el olfato. Fragancias que marcaron la adolescencia de toda una generación vuelven a las góndolas, impulsadas por una industria que detectó un filón en la memoria sensorial. En ese marco, Gap relanzó su perfume Dream, un clásico de los 90, junto a otros aromas de esa década.
La decisión de la marca estadounidense no es un caso aislado. Se inscribe en una tendencia más amplia de la economía de la nostalgia, que ya recuperó jeans, zapatillas, carteras y scrunchies. Ahora, las empresas buscan reconstruir cómo olía esa época, y el perfume juega con una ventaja única: el olfato tiene una conexión directa y emocional con la memoria.
Emilia Frigerio, periodista y coautora del libro Madres de, celebró la noticia con especial entusiasmo. Su frase “Pilates, gordo”, dedicada al arquero Dibu Martínez, se volvió viral, pero su alegría actual tiene raíces más personales: Dream la acompañó desde su adolescencia, en tiempos de Alanis Morissette y los videoclips de MTV, hasta que la fragancia desapareció del mercado en los primeros años del nuevo milenio.
Para quienes perdieron su aroma insignia, como le ocurrió a esta cronista con Laura Ashley No. 1, presente en cada free shop de los 80, la desaparición de un perfume puede provocar una pequeña crisis de identidad. Esa extensión invisible de la propia persona, que se llevaba puesta a diario, de pronto deja de existir.
El fenómeno de los productos discontinuados ya había sido abordado en este espacio, a raíz de un artículo de The New York Times que explicaba su impacto emocional. Se habló entonces de una “clase media del consumo”: objetos accesibles pero buenos, que quedan atrapados entre lo exclusivo y lo masivo. A veces desaparecen no porque dejen de gustar, sino porque ya no encajan en la estrategia de la marca.
También se mencionó la fidelidad automática del consumidor, que convierte a ciertos productos en una suerte de mantita de seguridad emocional. Un shampoo, una gaseosa, un perfume: no son esenciales, pero acompañan tanto que se vuelven pequeñas constantes en un mundo cambiante. Cuando faltan, no se pierde solo un objeto, sino una de esas certezas cotidianas.
Gap parece dispuesta a paliar esa sensación con el relanzamiento de sus fragancias de los 90, entre las que Dream es la única casi idéntica al original. La estrategia apunta a un público que ya no tiene el cuerpo de 1995, pero que puede recuperar, en una fracción de segundo, el recuerdo de esa época a través del olfato.
Un olor puede lograr lo que una cartera vintage difícilmente consiga: saltarse treinta años en un instante. Y ante el éxito de esta movida, cabe preguntarse si otras marcas con licencias de perfumes clásicos, como Laura Ashley, tomarán nota. El negocio, visto desde Gap, parece ser bastante soñado.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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