El sueño del hotel propio: la historia de Estancia Ave María en Tandil
Asunción Pereyra Iraola transformó una casa normanda en un hotel boutique tras casi tres décadas de trabajo y dedicación.

Asunción Pereyra Iraola, conocida como Asunti, convirtió una casa de estilo normando en las sierras de Tandil en el hotel boutique Estancia Ave María. El proyecto, que comenzó a gestarse a fines de los años 90, demandó casi tres décadas de esfuerzo y una profunda transformación del lugar.
La casa, construida originalmente por Mercedes Santamarina para recibir a sus sobrinos, fue adquirida por Asunti en 1997 o 1998. Tras un año y medio de reformas, abrió sus puertas como hotel, y hoy celebra 27 años de funcionamiento.
Asunti recordó que el sueño de tener un hotel nació en su infancia, pero quedó relegado durante años. “Nosotros no tuvimos hijos y ese cambio de lo que me había imaginado me hizo buscar nuevos proyectos. Un día dije: ‘Bueno, yo quiero hacer algo más de mi vida que tejer para los sobrinos y cultivar espárragos’”, contó.
La búsqueda no fue sencilla. Antes de encontrar la propiedad definitiva, otras dos o tres opciones se cayeron. “En esos momentos me desanimaba y no entendía por qué nada de lo que quería se me estaba dando”, confesó. La aparición de esta casa, con ocho cuartos con baño en suite y a solo 7 kilómetros de Tandil, fue la respuesta a sus pedidos.
El proyecto original había sido encomendado a un arquitecto francés, cuyos planos fueron ejecutados por Emilio Moret. La casa era toda blanca y negra, con pisos colorados como único detalle de color. Asunti respetó la estructura, pero en los interiores sumó colores y una mezcla de estampas que le dieron un carácter único.
“A mí no me gusta ese interiorismo donde todo es igual a lo que tiene el de al lado; me gusta imprimirle carácter, que sea distinto. ¿Qué lo hace distinto? No me doy mucha cuenta, pero es distinto”, afirmó.
La dueña se encargó personalmente de cada detalle. “Cuando armé el hotel me encargué de todo: desde el volado de la sábana hasta los géneros de las cortinas”, recordó. Ante la pregunta de un trabajador sobre si era decoradora, respondió: “No soy decoradora, soy decorajuda”.
Con el tiempo, convocó a la decoradora Laura Ocampo para actualizar el interiorismo. “Cuando confiás en alguien –que tiene buen gusto, canchero y refinado–, te abre la cabeza porque propone cosas que jamás hubieras pensado”, explicó.
El jardín, diseñado junto a Alejandra De Dominicis, es otro sello distintivo. Asunti, apasionada por la jardinería, aseguró: “Soy muy jardinera, cada minuto que tengo me voy al jardín. Trabajo muchísimo y me encanta. ¡Y adoro que haya flores!”.
La fachada, con paredes blancas, techos de tejas y postigos negros, se diferencia de las clásicas construcciones del campo bonaerense. “Yo no hice esa cosa de hotelería en serie, quería que Ave María tuviera su propia impronta y que quienes vengan de visita se sientan bien recibidos y lo vivan como una experiencia especial”, sostuvo.
El hotel no acepta familias con niños, una decisión tomada para que los huéspedes puedan descansar. “La idea era que sea un lugar en el que los huéspedes pudieran descansar y tomarse unos días para sí mismos, de ahí la decisión”, explicó.
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