El valor de dejar una marca propia en la vida
Una reflexión sobre la realización personal y las pequeñas leyendas que construimos a diario.

Construir una leyenda propia no requiere grandes hazañas. Puede ser un recuerdo familiar, como el tío que llegó de Italia y fundó un imperio de heladerías, o aquel que vino de Cuba y enseñó a bailar salsa a la farándula. Son historias que no empiezan con la fórmula de "hubo una vez un hombre providencial", sino de un modo más ligero.
Argentina está llena de esas historias: judíos que escaparon de los campos de concentración y fueron acogidos, italianos y españoles que huyeron de la miseria, irlandeses que dejaron atrás las malas cosechas de papa en busca de una tierra de promisión.
Hoy la historia se repite. Nuevos inmigrantes llegan a este país para construir su propia leyenda, como el joven boxeador Touba Niang, de origen senegalés, que llegó a la Argentina, vendió anteojos en la calle y se convirtió en un fenómeno del boxeo, con un amor por esta tierra comparable al de cualquier nacido en la Patagonia.
Venimos al mundo a dejar una marca, a trazar una línea. El poeta cubano Lezama Lima decía que no importa tanto dar en el blanco como la ruta sinuosa que traza la flecha en su camino de aire. A eso venimos, a realizarnos. Pero, ¿qué significa realizarse? ¿Es hacerse rico, famoso? ¿Alcanzar el nirvana? ¿Vencerse a uno mismo? ¿Renunciar a la vanidad? ¿Construir una obra artística que perdure en la memoria?
Todas esas respuestas son válidas. Realizarse es un asunto muy personal. Aquel que es amado por sus amigos de la infancia y que al llegar provoca una sonrisa de felicidad en los demás, tal vez esté más realizado que muchos millonarios o que aquellos repletos de seguidores en las redes sociales.
"Era muy buena persona", es una hermosa manera de que lo recuerden a uno cuando llegue el momento de irse. "Todas las tardes se levantaba, compraba el periódico y se iba hasta la plaza cercana a alimentar a las palomas y a un viejo perro que no se sabe de dónde salió". Cuando ya no esté, esas palomas y ese perro lo van a extrañar. Lo recordarán porque sin dudas era necesario, tanto como lo es la lluvia.
Tiene que haber algo más. Vinimos al mundo a dejar una marca. Tal vez por eso amamos los tatuajes: son una forma de garantizar que esa marca que nos hicimos esté hasta el fin de nuestros días. Pero tiene que haber algo más. No todo puede ser trabajar y pagar impuestos. Encontrar qué es ese algo es difícil, pero en la búsqueda está el reto.
Argentina, vista por un cubano, es un país gigante, lleno de infinitas posibilidades y de cosas buenas por hacer: desde defender la cultura hasta proteger cóndores andinos, pasando por salvar del olvido a esos pueblos por donde antes pasaba el ferrocarril y que ahora, vacíos, parecen destinados a la nostalgia.
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