Diseño Interior

El vidrio repartido vuelve a la moda: cómo transforma la luz y los ambientes

Los cerramientos de vidrio texturado, típicos de casas chorizo y PH de principios del siglo XX, son recuperados por arquitectos y decoradores para dividir espacios sin perder luminosidad.

Redacción2 min de lectura
El vidrio repartido vuelve a la moda: cómo transforma la luz y los ambientes
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Los cerramientos de vidrio repartido, aquellos paños de color ámbar, verde, rosa o azul que filtraban la luz en las casas antiguas, volvieron a ponerse de moda. Durante décadas fueron parte de cocinas, galerías y entradas de casas chorizo y PH, y hoy arquitectos y decoradores los recuperan para dividir ambientes, sumar privacidad y llenar los interiores de reflejos.

Mucho antes de que el diseño contemporáneo redescubriera sus posibilidades, estos cerramientos ayudaban a resolver un desafío central de las viviendas urbanas: cómo aprovechar al máximo la luz natural sin resignar privacidad. En las casas chorizo, los PH y las construcciones de inspiración europea que se multiplicaron entre fines del siglo XIX y principios del XX, los ambientes se organizaban alrededor de patios y corredores. Para que la luz llegara hasta los espacios interiores se incorporaban puertas vidriadas, banderolas, galerías cerradas y mamparas que permitían que la claridad circulara por toda la casa.

Los vidrios texturados —martelé, catedral o fantasía— cumplían una función clave: dejaban pasar la luz, pero difuminaban las vistas. Los toques de color añadían además un efecto cambiante que transformaba la experiencia de los espacios a medida que avanzaba el día.

Las nuevas versiones suelen combinar perfilerías metálicas negras con vidrios texturados en tonos ámbar, verde oliva, rosa empolvado o amarillo. El resultado mantiene el espíritu original —filtrar la luz, delimitar espacios y preservar cierta intimidad—, aunque con una estética más contemporánea.

Estos cerramientos aparecen como una alternativa atractiva a los tabiques tradicionales. Separan sin encerrar, dejan pasar la claridad y aportan color sin necesidad de recurrir a revestimientos o pinturas. Pero quizás su mayor virtud siga siendo la misma que sedujo a generaciones anteriores: la capacidad de transformar algo tan cotidiano como la entrada de luz en un espectáculo silencioso que cambia cada día.

Algunas tendencias regresan por nostalgia; otras, simplemente, porque nunca dejaron de funcionar. En casas actuales, los vidrios repartidos se integran en reformas de líneas simples como un guiño al pasado y una prueba de que los detalles más pequeños pueden dejar una huella más fuerte.

Fuente: Lanacion.

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