Opinión

Eutanasia: la lección de la selección argentina sobre el cuidado

Un médico reflexiona sobre los límites de la medicina y la importancia de acompañar hasta el final.

Redacción3 min de lectura
Eutanasia y la enseñanza de la selección de fútbol argentina

La selección argentina de fútbol protagonizó una remontada histórica ante Egipto, convirtiendo un 0-2 en un 3-2 en los últimos diez minutos. Ese partido, que parecía perdido, se convirtió en una metáfora para reflexionar sobre la vida y la muerte. El médico Miguel A. Schiavone, con más de 30 años de profesión, utiliza esa imagen para abordar un tema profundo: la eutanasia y el deber de cuidar.

Schiavone, autor de la reflexión, sostiene que la medicina tiene límites y que no siempre puede curar. Sin embargo, remarca que el límite de curar no debe confundirse con el límite de cuidar y acompañar. En ese sentido, plantea que un pronóstico no es una sentencia, sino una estimación probabilística que nunca convierte el futuro en una certeza.

El médico recuerda que la historia de la medicina obliga a la humildad, ya que algunos pacientes que participaron en tratamientos experimentales obtuvieron beneficios que luego se incorporaron a la práctica clínica. No se trata de alimentar falsas esperanzas, sino de reconocer los límites de la predicción.

La comparación con el fútbol no pretende banalizar el sufrimiento, sino señalar la dificultad humana para convivir con la incertidumbre. Así como los jugadores siguieron jugando cuando todo parecía perdido, la sociedad tiende a confundir un pronóstico adverso con una certeza absoluta.

Schiavone cuestiona la expresión “por suerte dejó de sufrir”, que se repite automáticamente ante una muerte tras enfermedad prolongada. En cambio, destaca el valor de los cuidados paliativos, que buscan aliviar el dolor y acompañar, evitando tanto el abandono como la obstinación terapéutica.

En su análisis, el médico plantea una pregunta bioética fundamental: ¿es la vida un bien del cual somos propietarios absolutos o existe una dimensión que trasciende la voluntad individual? Para abordar esta cuestión, consultó a la doctora María Isabel Iñigo Petralanda, abogada y magíster en Ética Biomédica.

La autonomía es una conquista esencial de la medicina contemporánea, y nadie debería ser sometido a tratamientos fútiles. Sin embargo, autonomía y dignidad no son equivalentes. Si la dignidad dependiera solo de la voluntad, se aceptarían consecuencias como la esclavitud o la tortura consentida, que las sociedades consideran inválidas. Existen bienes jurídicos y humanos indisponibles, que reconocen el valor intrínseco de cada persona.

La dignidad no se pierde con la enfermedad, la dependencia o el dolor. Tampoco puede medirse por la “calidad de vida”, porque clasificar qué vidas merecen protección es éticamente peligroso. El verdadero desafío de la eutanasia aparece allí: del derecho a rechazar tratamientos no se desprende automáticamente el derecho a exigir que otro provoque la muerte.

Cuando aparece un supuesto derecho a morir, surge la pregunta sobre qué deber genera y sobre quién recae. El debate deja de ser exclusivamente individual e involucra al médico, las instituciones, las familias y el Estado. Obliga a preguntarse qué significa cuidar cuando ya no se puede curar.

La lección del partido improbable no es que todos los partidos se ganen ni que todas las enfermedades se curen, sino que mientras exista una persona, existe alguien a quien cuidar. Schiavone concluye que, cuando ya no se puede curar, la tarea no desaparece: cambia, y quizás sea entonces cuando acompañar y permanecer junto al otro expresen lo más profundo de la medicina.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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