Cultura

Federico Andahazi rescata a Bonpland, el botánico que se obsesionó con la yerba mate

En su nueva novela, "El prisionero del yerbatal", el autor de "El anatomista" reconstruye la vida del naturalista francés que dejó Europa para instalarse en la selva misionera.

Redacción4 min de lectura
Federico Andahazi rescata a Bonpland, el botánico que se obsesionó con la yerba mate
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Aimé Bonpland se enamoró de la yerba mate mucho antes de llegar a América del Sur. No bien probó un mate, el botánico francés se obsesionó: estaba convencido de que esa infusión podía convertirse en un fenómeno tan grande como el té en Inglaterra, o incluso mayor, y dedicó años a descubrir el secreto para cultivarla en grandes extensiones. Cuando lo logró, ese saber le costó diez años de cautiverio en Paraguay y una transformación profunda que lo llevó a abandonar la vida europea para abrazar el mundo guaraní.

Esa historia extraordinaria es la que rescata Federico Andahazi en El prisionero del yerbatal (Grijalbo), su última novela. Para reconstruirla, el autor realizó una minuciosa investigación: viajó a la Triple Frontera para convivir con comunidades guaraníes, rastreó documentos y viejas enciclopedias, conversó con descendientes de Bonpland y armó hipótesis literarias para iluminar los silencios de esa biografía que lo fascinó. El resultado es una novela que, además de contar una aventura desconocida e increíble, invita a mirar de otra manera al mate, ese gran compañero de muchísimos argentinos.

Andahazi contó que se encontró con la historia de Bonpland mientras trabajaba en la bibliografía de su novela anterior, Mares de furia, ya que Bouchard y Bonpland eran contemporáneos. "A medida que iba buscando bibliografía para Bouchard, me encontraba una y otra vez con Bonpland. Cuando terminé la otra novela supe que tenía otro gran personaje, además muy inexplorado", explicó. "Humboldt y Bonpland son dos calles paralelas en Palermo, y en general lo que sabemos de ellos es poco. Pero ese viaje que hicieron juntos fue, para mí, el segundo descubrimiento de América".

Según Andahazi, Bonpland mantuvo en secreto, incluso para Humboldt, una idea que llevaba in pectore: la yerba mate. "Él había probado el mate en Francia: un comerciante de té se lo dio a conocer y, desde ese momento, el mate se convirtió en una obsesión para Bonpland. Él sabía que había algo allí que podía cambiar el curso de la historia", afirmó. El escritor comparó esa visión con el "Tea Party" de Boston: "Bonpland imaginó algo así como un 'Mate Party'. Pensó que podía ser no solo un gran emprendimiento económico, sino también una forma de financiar la futura independencia de los pueblos del sur de América".

Bonpland llegó a Buenos Aires con su esposa francesa, Adélie, y luego se dirigió a las antiguas misiones jesuíticas, ya en ruinas. Allí empezó a experimentar con la yerba mate. "La primera gran sorpresa que se lleva es descubrir que se trata de una planta indómita, que hace lo que quiere", relató Andahazi. "Cuando no quiere crecer, no hay forma; en cambio, donde no la quiere, aparece como una maleza. Los guaraníes la consumían en estado silvestre".

Después de mucho experimentar, Bonpland encontró la manera de domesticar la semilla de la yerba mate, curiosamente bajo los efectos de un mate alucinógeno. "Eso es lo fascinante. Los guaraníes tenían un mate para todo: ritual, ceremonial, medicinal. Para cada acto de la vida había un tipo de mate", explicó Andahazi. A partir de entonces, Bonpland logró desarrollar plantaciones como nadie había conseguido hasta ese momento. Pero del otro lado del río estaba el dictador José Gaspar Rodríguez de Francia, quien, al ver esos yerbatales, comprendió que representaban su sueño. "Él ya se había apropiado de todos los campos, de las llamadas 'estancias de la patria'. Entonces decide enviar una partida de soldados. Asesinan a los peones de Bonpland y a él lo secuestran", contó el autor.

El cautiverio de Bonpland duró diez años, que pasó trabajando como un esclavo. "Bonpland hizo muchísimas anotaciones botánicas, pero nunca escribió sobre su cautiverio. Entonces ahí empiezo a trazar hipótesis literarias. Yo creo profundamente en las hipótesis literarias. Muchas veces terminan confirmándose de una manera u otra", señaló Andahazi. Para el escritor, la narrativa puede reconstruir la historia mejor que muchos historiadores: "Cuando estudiás profundamente a Rodríguez de Francia, por ejemplo, podés entender el cautiverio de Bonpland. Cuando investigás a los personajes cuya historia sí conocemos, podés reconstruir con bastante precisión aquello que falta".

Andahazi también destacó la experiencia de viajar a la Triple Frontera y recorrer comunidades guaraníes de los tres países. "Fue una experiencia tremenda. La pobreza en la que viven esas comunidades es desgarradora. Bonpland se entrega por completo a esa vida y comparte esa pobreza, a pesar de ser un hombre que lo había tenido todo", relató. "Ellos fueron muy generosos conmigo. Compartieron ceremonias rituales y me permitieron participar del mate ceremonial. Fue una experiencia que trascendió la literatura".

El autor sostuvo que Bonpland, que había participado de la Revolución Francesa, terminó desencantado de la cultura europea y encontró en las misiones la posibilidad de concretar "esa utopía del buen salvaje". "Y termina convirtiéndose él mismo en ese buen salvaje", afirmó. "Cuando uno ve las comunidades guaraníes de hoy entiende que allí también hubo una ruptura. Incluso esas comunidades tienen hoy un vínculo con la naturaleza atravesado por una cultura que las empobreció. Lo que sí permanece es la yerba mate".

Fuente: Lanacion.

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