Medios de Comunicación

Francia y Netflix pelean por las ventanas de estreno y el futuro del cine en salas

El Estado francés exige más inversión local y plazos largos entre cine y streaming, mientras la plataforma cuestiona las reglas.

Redacción3 min de lectura
Francia vs Netflix: ¿Una batalla por el futuro del cine en las salas?

El gobierno de Francia mantiene una puja abierta con Netflix y otros servicios de streaming por las reglas que ordenan el paso de una película de la sala al catálogo digital. La pulseada combina exigencias de inversión en la industria local, plazos mínimos de exclusividad para los cines y un nuevo criterio sobre qué contenidos deben financiarse. En el fondo, lo que se discute es el futuro del cine en salas.

El Estado francés acaba de anunciar un consorcio de ayuda de 1100 millones de euros para el cine independiente, es decir, películas que no son blockbusters ni producciones de Hollywood. A la vez, presiona a las plataformas para que destinen un porcentaje de sus ingresos a la producción audiovisual del país.

Netflix opera en Francia bajo esas condiciones desde su desembarco. La compañía aceptó reinvertir parte de su facturación local, que ronda los 1300 millones de euros, en la industria gala. La tensión se reavivó en 2017, cuando el servicio presentó en competencia oficial del Festival de Cannes dos films: Okja, de Bong Joon-Ho, y Los Meyerowitz, de Noah Baumbach.

En la primera conferencia del jurado, su entonces presidente, Pedro Almodóvar, advirtió que no se premiarían películas destinadas al streaming. El episodio derivó en un compromiso: antes de llegar a las plataformas, un film debe estrenarse en salas francesas.

La disputa central son las llamadas ventanas de exhibición, el tiempo que separa el estreno en cines de su llegada al streaming. Mientras en otros mercados ese plazo se redujo a 45 días, en Francia se extiende por lo menos seis meses. La duración depende de cuánto dinero invierta cada plataforma en la industria local: Disney tiene nueve meses de ventana y Netflix, 15. La francesa Canal+ cuenta con seis.

Netflix sostiene que, en términos porcentuales, aporta menos que otras empresas, pero que en valores absolutos su inversión es mayor por su volumen de suscriptores: alrededor de 250 millones de euros. La compañía también cuestiona que el Estado le indique qué tipo de contenidos producir, ya que la nueva imposición exige que la mayor parte de esos fondos se destine a animación, documentales y shows en vivo.

"No solo nos obligan a disponer de nuestras ganancias de un modo particular, sino que además el Estado nos dice qué contenidos producir", es el argumento que la plataforma y Amazon plantean en la negociación. El gobierno francés, en cambio, sube la vara en cada etapa del diálogo.

Francia tiene margen para presionar porque su mercado de salas es uno de los más grandes de Europa. Más de cuatro de cada diez entradas vendidas corresponden a películas francesas y se comercializan más de dos tickets por habitante al año. Con casi 70 millones de habitantes, en 2025 se vendieron 157 millones de entradas, frente a las 200 millones de 2019, antes de la pandemia.

El promedio francés quedó cerca del estadounidense, el mayor mercado mundial, que en 2025 registró 2,2 tickets por habitante. Para muchos actores del sector, Netflix es el adversario a vencer: uno de los argumentos contra su posible compra de Warner Bros. fue que erosionaría el negocio de las salas.

La puja, entonces, no es solo por dinero. Enfrenta dos sistemas del audiovisual: uno que sostiene la exhibición física y otro que apuesta al consumo doméstico. Mientras las tensiones se prolongan entre despachos, el público parece inclinarse por la experiencia de la sala: las recaudaciones de 2026 muestran un crecimiento sostenido.

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