La mirada cinéfila: el libro que rescata la historia de Tiempo de cine
Daniela Kozak reconstruye la revista que modernizó la crítica cinematográfica argentina entre 1960 y 1968.

Una revista que nació en un cineclub de Colegiales y llegó a ser considerada la mejor publicación de cine en castellano. Ese es el objeto de La mirada cinéfila, el libro de Daniela Kozak que recupera la historia de Tiempo de cine, la publicación que circuló entre 1960 y 1968 y transformó la crítica cinematográfica en la Argentina.
El volumen reconstruye el recorrido de una revista que tomó como modelo a Cinema Nuovo y Cahiers du Cinéma, y que reunió firmas como las de Salvador Sammaritano, Tomás Eloy Martínez, Edgardo Cozarinsky, Enrique Raab, Mabel Itzcovich, Ernesto Schoo y Homero Alsina Thevenet. Antes de Mafalda, Quino era el dibujante; el artista plástico Rogelio Polesello diagramaba y compuso la tapa del primer número, dedicada a Hiroshima, mon amour.
El origen de todo fue el cineclub Núcleo, fundado en 1952 por Sammaritano y otros cinéfilos. La primera proyección fue La carreta, de James Cruze, sobre una sábana blanca en una casa de Colegiales. Ocho años después, ese espacio de culto dio origen a la revista.
El libro también retrata un ecosistema cultural hoy extinto. Villa Urquiza llegó a tener ocho cines y la peatonal Lavalle era un territorio de multitudes. En una avenida comercial como Triunvirato, un espectador podía ver una película de Alain Resnais y comprar la revista donde se publicaban diez páginas completas del texto del film escrito por Marguerite Duras.
"Dejaba de lado la arbitrariedad y buscaba enriquecer la experiencia del espectador", sostiene Kozak sobre la propuesta editorial de la revista.
David Oubiña, autor del prólogo, define a Tiempo de cine como un "puente que explica el pasaje desde el tipo de crítica impresionista e ilustrativa de los años cuarenta y cincuenta hasta la militancia radicalizada de los años setenta".
El texto de Kozak funciona a la vez como historia y como réquiem de un tipo de análisis cultural que perdió peso. La crítica de cine fue absorbida por un sistema de valoración binario, pulgar arriba o pulgar abajo, y por clasificaciones tan descriptivas como la categoría de un hotel según tenga, o no, desayuno continental y pileta.
El acceso al cine de autor y a las revistas de vanguardia era un privilegio de pocos. Hoy cualquier película está a un clic en el teléfono, aunque el visionado individual no se acerque al rito colectivo del cineclub. La mirada cinéfila recupera ese mundo y lo devuelve como documento de una época en la que el cine se pensaba, se discutía y se escribía con vocación de autor.
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