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Graciela Borges, entre el glamour y la sencillez: recuerdos de una vida de película

La actriz, que acaba de mudarse a un departamento más chico en Buenos Aires, repasa sus amores, sus viajes y su pasión por el fútbol.

Redacción3 min de lectura
Graciela Borges, entre el glamour y la sencillez: recuerdos de una vida de película
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Graciela Borges, de 82 años, disfruta de un presente rodeada de amigos y familia, en una etapa que define como de plenitud. La actriz, ícono del cine argentino, repasa los grandes amores de su vida, sus viajes y su pasión por el fútbol, en una charla íntima en la que también reflexiona sobre la belleza y el paso del tiempo.

Dueña de una belleza clásica y una voz hipnótica, Borges debutó en el cine de la mano de Hugo del Carril y fue musa de directores como Leopoldo Torre Nilson, Leonardo Favio, Raúl de la Torre, Lucrecia Martel y Pablo Trapero. Su filmografía incluye festivales internacionales y la llevó a vivir en París y Londres, además de escapadas a Buzios. También se casó con el corredor Juan Manuel Bordeu, fue madre de Juan Cruz y hoy es abuela de Jesucita, "la luz de sus ojos".

En la entrevista, Borges confiesa que es "muy futbolera" y que incluso juega al fútbol en su campo La Peregrina. Recuerda con nostalgia sus viajes a Río de Janeiro con Raúl de la Torre, con quien tuvo "una relación lindísima", y las feijoadas en casa de Adelita Scarpa. "Parábamos en el Copacabana Palace. Tan adorable todo", dice.

París ocupa un lugar especial en su memoria. Vivió en el barrio de Pigalle, al pie de Montmartre, donde Truffaut filmó escenas de Los 400 golpes. "Estuve en el París donde el cine, la literatura y el arte formaban parte de la vida cotidiana. Fui muy feliz", afirma, citando a Hemingway: "Si tenés la suerte de haber vivido en París cuando eras joven, entonces te acompañará adonde vayas el resto de tu vida". También vivió en Londres, en el Savoy, pero no significó lo mismo.

Borges admite que ya no viaja tanto: "Creo que los aeropuertos ya no son para mí". Prefiere pasar gran parte del año en Mar del Plata y recientemente se mudó en Buenos Aires, tras 52 años en el mismo departamento de Figueroa Alcorta. Ahora vive en un lugar "muy simpático, pero chiquito, frente al Jockey", que describe como "una pequeña suite de hotel lindo".

La actriz se define como "búho" más que "alondra": difícilmente se duerma antes de las tres de la mañana. En esas horas elige leer, escribir o mirar televisión. Aunque cocina muy bien, ahora no lo hace, y lo lamenta: "Cocinar tiene que ver con el tacto y los aromas, que son cosas que amo".

Sobre la belleza, Borges asegura que nunca se sintió pesada por ella: "Nunca me di cuenta. En mi historial cinematográfico, siempre ponían algo de la belleza. Y no era algo bueno para mí, porque competía con el trabajo que yo hacía como actriz".

En el amor, se considera afortunada. "Me casé con alguien estupendo, padre de mi hijo", dice, en referencia a Bordeu. También menciona a Raúl de la Torre, con quien tuvo "un vínculo de muchos años y fue entrañable". Pero admite que una vez sufrió una gran decepción, aunque no revela el nombre. "Me han roto el corazón, sí. Y está bien, porque eso también es una maestría. Hay que pasarlo en la vida porque te enseña muchas cosas".

Su frase de cabecera pertenece a un maestro espiritual: "Hay que hablar con delicadeza para no herir en el otro la dignidad de su propia expresión". Y concluye: "No vale la pena gastarse para explicar la sensibilidad de uno".

Fuente: Lanacion.

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