Harbour Tower: la escultura de 190 metros que redefine Puerto Madero
Con 53 pisos y unidades únicas, la torre de GNV Group desafía al viento y sale a la venta un penthouse por US$ 21 millones.

En la primera línea del Dique 1, una silueta facetada rompe cualquier lógica de repetición. Con más de 190 metros de altura en 53 plantas, planta baja y tres subsuelos, Harbour Tower no es una torre más en el catálogo de Puerto Madero. Concebida por GNV Group como una obra disruptiva dentro del masterplan de Distrito Madero Harbour, la obra nació de una premisa sin concesiones: encarar un proyecto con impronta propia, capaz de medirse de igual con el viento.
La propuesta conceptual del arquitecto uruguayo Carlos Ott, llevada a escala ejecutiva por el estudio Urgell-Penedo-Urgell y con la gestión de la arquitecta Julieta Steinmann, gerente de proyecto de GNV Group, exigió una tarea delicada de cada disciplina. “No queríamos construir un prisma aburrido que se limitara a repetir la misma planta desde la base hasta la cima”, dispara Ott. Para el proyectista, la arquitectura en altura frente al agua requiere interpretar las fuerzas naturales como materia de diseño.
“La torre fue pensada como una escultura viva: el edificio no compite contra el viento, baila con él. Cada quiebre, cada desfase y cada terraza es una respuesta activa a las presiones del aire, una manera de romper la masa eólica y transformarla en geometría pura”, detalla.
Ese dinamismo exterior se traslada directamente al interior de las viviendas. Sus plantas y sus terrazas varían de piso a piso, pensando en las mejores vistas y luz para todas las unidades. “Buscamos que el habitante sienta que está flotando sobre el agua, los diques y el tejido urbano, con esquinas multiplicadas que capturan la luz a toda hora”, explica Ott. Sobre el desafío proyectual, agrega: “consistió en generar balcones y terrazas que no funcionen como meros agregados, sino como extensiones naturales del esqueleto. Al desplazar las capas, logramos que las residencias superiores ganen visuales limpias de 360 grados, eliminando esa sensación de encierro que suelen proyectar las torres convencionales”.
Hacer viable semejante libertad formal requirió de muchísima experiencia y de trabajo minucioso. En cuanto a lo estructural, el ingeniero Alberto Fainstein remarca como condición la esbeltez, las variaciones de las tipologías en diferentes alturas y la originalidad de la fachada que va variando en planta y altura. “Trabajamos muy vinculados con el estudio del arquitecto Carlos Ott, a fin de lograr una estructura que pudiera satisfacer la arquitectura de la torre. El material utilizado fue hormigón armado de resistencia H50. La fundación se realizó mediante 49 barretas de 0,80 x 2,70 m llegando a -37 metros de profundidad desde nivel de vereda”, precisa el ingeniero.
En cuanto al planteo, “la estructura se resolvió con un núcleo central de circulaciones verticales y columnas perimetrales, con una losa de 20 cm de espesor, cuyo borde exterior a la torre va cambiando a lo largo del perímetro en la altura, conformando una fachada irregular que le otorga personalidad al edificio”, detalla Fainstein. Para la determinación de las cargas de viento y la verificación del confort de los futuros habitantes, se realizó el ensayo en un túnel de viento en MEL Consultants, en Australia. Tal como lo exige el reglamento de estructuras local, también se verificó la resistencia estructural ante cargas sísmicas.
La estructura contraviento está compuesta por un núcleo central que varía su espesor desde 100 cm en las plantas inferiores hasta 40 cm en los pisos superiores, vinculado a las columnas perimetrales mediante vigas de acoplamiento. Obras Metálicas S.A. aceptó el desafío de envolver la esbelta estructura de hormigón. Resolver la piel significó otro hito para la ingeniería de fachadas.
“Diseñamos e implementamos sistemas ecualizados de presiones proyectados a medida y adaptados a cada situación diferente: window wall, curtain wall en pantallas, carpinterías de diferentes tipos, rejillas, balcones. Por eso, este proyecto es el más exigente e innovador de Buenos Aires”, cuenta Jorge Daniel Lentino, director técnico de Obras Metálicas S.A. Y agrega que, para él, Harbour Tower es una obra de arte, exclusiva y original: “Es un complejo desafío desde todo punto de vista, técnico, constructivo y logístico, que rompe con todos los estándares conocidos de una fachada tradicional”.
En el capítulo termomecánico, el ingeniero Carlos Grinberg asumió el compromiso de resolver la climatización individual sin dejar un solo equipo a la vista en el perímetro vidriado ni alterar la imagen del conjunto. “Se nos plantearon claramente las limitaciones desde el principio: un edificio sin balcones, muy alto y con control individual para cada una de las unidades”, recuerda Grinberg. La propuesta resultó en un sistema VRV independiente para cada departamento.
“Colocamos las unidades exteriores en los patios de planta baja, patios ingleses y terrazas. Conformamos un sistema de VRV funcional para que cada unidad se controle de manera independiente, mientras que el VRV para las áreas comunes permite mantener temperaturas de confort teóricas que son administradas por el gerenciamiento del edificio”, detalla. Toda esta sincronización técnica respondió a una complejidad inédita, donde la customización se convirtió en norma. “No es que tenés una planta tipo o un
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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