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Hernán dejó el conurbano y construyó una casa de barro y botellas en las sierras de Córdoba

Tiene 48 años, tardó cuatro años en levantar su refugio de 16 metros cuadrados al pie del cerro Champaquí y asegura que el lugar le cambió la vida.

Redacción••2 min de lectura
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Hernán dejó el conurbano y construyó una casa de barro y botellas en las sierras de Córdoba

Hernán tiene 48 años, dejó el conurbano bonaerense y construyó con sus propias manos una casa de barro y materiales reciclados en las sierras de Córdoba. La vivienda, de apenas 16 metros cuadrados, está ubicada en el paraje Rodeo de Piedra, al pie del cerro Champaquí, y le llevó cuatro años de trabajo terminarla.

El hombre había crecido en la Ciudad de Buenos Aires y después se instaló en Merlo. Allí atravesó una etapa complicada, marcada por el consumo de sustancias y problemas laborales, a la que se sumó un accidente doméstico en el que una pileta de cemento le aplastó un pie. Ese episodio terminó de impulsarlo a buscar un nuevo comienzo lejos de la ciudad.

En una entrevista, Hernán recordó cómo era su vida antes de la mudanza: “Yo era una persona que no tenía respeto hacia el otro, no me importaba la naturaleza, nada, consumía droga, tomaba alcohol”. Sobre su llegada a las sierras, sostuvo: “Este lugar maravilloso me eligió a mí para estar acá, la tierra y el cielo”.

La construcción siguió la técnica conocida como a lo criollo, que aprovecha elementos naturales y materiales recuperados sin exigir grandes inversiones. La estructura combina palets, cañas, piedras, paja y botellas plásticas rellenas con bolsas de residuos, unidas con una red de alambres. Las paredes, en tanto, fueron revestidas con una mezcla de barro y paja.

Prácticamente todos los materiales fueron reutilizados. Las únicas compras importantes que necesitó hacer fueron el machimbre y las chapas del techo, que pudo pagar gracias a la ayuda económica de un amigo. En el interior hay una pequeña ventana orientada hacia el este que favorece la ventilación natural, y una salamandra fabricada con los restos de una antigua cama de hierro que usa para calefaccionar en los meses fríos.

Su llegada a Córdoba ocurrió casi por casualidad. Un amigo lo invitó a realizar un trabajo en la zona y, poco después, se enteró de que había un terreno disponible al pie del cerro. Al conocerlo, sintió una conexión especial con el lugar y decidió quedarse. Con el tiempo empezó a dedicarse a la bioconstrucción y a elaborar artesanías con cristales.

También comenzó a organizar encuentros comunitarios para recuperar el contacto con la naturaleza y promover una vida más sencilla. “Yo acá hago encuentros de conexión con la naturaleza, se llama volver a casa, volver al corazón, a la raíz, a lo simple, a que el viento te pegue en la piel, a sentir el monte y también a encontrarnos con nosotros mismos”, explicó.

La historia de Hernán se suma a otras experiencias de personas que dejaron la ciudad para instalarse en las sierras cordobesas y probar otro modo de vida. Casos como el de quienes se mudaron a una ecoaldea o el de una familia que construyó su casa de adobe en Traslasierra muestran un interés creciente por la bioconstrucción y la vida en contacto con el entorno natural.

Por qué importa

La historia refleja una tendencia concreta: cada vez más personas buscan alternativas de vivienda de bajo costo y bajo impacto ambiental lejos de las grandes ciudades, con la bioconstrucción como eje de un cambio de vida.

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